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sábado, 20 de noviembre de 2010

Ultimo Domingo del Año Litúrgico: SOLEMNIDAD DE JESUCRISTO REY


Mi Reino no es de este mundo



Cristo es el Rey del universo y de modo especial de los hombres, sus hermanos. Es una de las fiestas más sobresalientes del año litúrgico. Precisamente con ella clausuramos este recorrido que hemos hecho durante todo este tiempo a lo largo de la Vida de Jesús. A partir del próximo domingo comenzamos un tiempo nuevo: el Adviento. Recordamos y celebramos esta verdad revelada públicamente por Cristo: El es el Rey de todo lo creado. Pero su Reino no es de este mundo, por lo que no se puede medir con las categorías sociales y políticas de los reinos de nuestra historia. El Reino de Cristo es el Reino de la verdad y la vida, de la santidad y la gracia, de la justicia, del amor y la paz.



Esta Fiesta fue instituida por el Papa Pío XI el 11 de Marzo de 1925.



Quería con ella que nosotros, los católicos, tuviéramos muy presente que quien dirige la Iglesia es Jesucristo Rey, que equivale a Señor. En un principio se celebraba el último domingo de Octubre. Pero con la reforma litúrgica fue trasladada al último domingo del año litúrgico o eclesiástico. Con ello se quiere poner de manifiesto que Jesucristo es el centro de nuestra historia, y de la historia universal. El es el principio y el fin de todo lo creado, porque es el Verbo de Dios, y mediante Su Palabra Dios lo hizo todo, y al final tiene El la última palabra. Pero debemos tener bien claro que el Señor vino a establecer en el mundo un pueblo que no tenga más Señor que el Dios verdadero, manifestado a través de los seres creados, de las maravillas del universo, y de la revelación contenida en las Sagradas Escrituras. Este Reino tiene como ley fundamental el amor, como programa las Bienaventuranzas, y como fin implantar en el mundo la Verdad, la justicia y la paz. Y este Reino no tendrá fin…



El Señor, para hablarnos de Su Reino utiliza varias parábolas. Una de ellas nos habla de un Rey que se iba a marchar a tierras lejanas, y dio a cada uno de sus servidores distinta cantidad de monedas de oro, y les dijo que negociasen con ellas para rendir cuentas cuando el volviera. A la vuelta de su largo viaje, los dos que habían recibido más le dieron el doble de lo que les había confiado, y aquel Rey los felicitó por su interés, y le dio el mando sobre varias ciudades de su reino. Pero el que había recibido solo una moneda, no se quiso molestar, prefirió guardarla bien y devolvérsela cuando llegase. Cuando vino aquel Rey le echó en cara su actitud holgazana, su falta de interés, y le quitó la moneda y lo echó de su reino. Esto nos debe hacer pensar a nosotros como estamos negociando, haciéndole rendir a los bienes que hemos recibido de Dios. No podemos cruzarnos de brazos y dejar que pase el tiempo sin hacer nada positivo por amor a Dios, a los demás y a nosotros mismos.



Hablábamos el domingo anterior del fin del mundo. Decíamos que a casa uno le llega el fin cuando muere. Y la muerte fija nuestro estado, nuestras intenciones, nuestra situación. Sería una grave irresponsabilidad dejar a la improvisación, a la aventura, el momento más decisivo de nuestra vida.



Nos podemos preguntar hoy: ¿De verdad Cristo es el que reina, el que dirige mi corazón, mis sentimientos, mi conciencia, mi inteligencia, mis tareas, mi familia, mi vida social, mi ocio...? ¿Quién manda en ti?: ¿La verdad o la mentira, la justicia o la injusticia, el amor o el odio e indiferencia, la paz o la guerra continua? Es importante que respondamos bien a estas preguntas, pues nos jugamos mucho.



El Señor sigue utilizando ejemplos para que entendamos bien lo que es el Reino:



“es semejante a un grano de mostaza que uno toma y arroja en su huerto y crece y se convierte en un árbol, y las aves del cielo anidan en sus ramas”;



“es semejante al fermento que una mujer toma y echa en tres medidas de harina hasta que fermenta toda”; “es semejante a un tesoro escondido en un campo, que quien lo encuentra lo oculta, y lleno de alegría, va, vende cuanto tiene y compra aquel campo”;



“es semejante a un mercader que busca perlas preciosas, y hallando una de gran precio, va, vende todo cuanto tiene y la compra”.



Debemos buscar sinceramente ese Reino. En ello nos va nuestra felicidad aquí, y nuestra salvación eterna. No son teorías, o bonitas palabras. El reino de Dios, o está dentro de nosotros mismos como dice Cristo, o no está donde nosotros estamos. No es suficiente una religiosidad popular ocasional si no dejamos que el Señor sea el dueño de mi vida.



Todo el programa de nuestra maduración en la fe se sintetiza en estas etapas: buscar a Cristo, encontrar a Cristo, conocer a Cristo, amar a Cristo, y darlo a conocer. Los medios ya sabemos cuales son. Hay que utilizarlos.



En la Eucaristía le encontramos realmente, por eso estamos aquí.



Muchos mártires de todos los tiempos murieron con el grito de ¡Viva Cristo Rey!, en la boca. Que nosotros, como la Virgen María, podamos decir también: ¡hágase en mí según tu palabra!



Y no olvidemos lo que dice un autor cristiano: “La corona de espinas de Cristo ha sido para el mundo más útil que todas las coronas de los reyes”.

lunes, 15 de noviembre de 2010

¿EXISTE EL ALMA?



EL ALMA

En este artículo se habla del alma, que es algo muy serio. En la teología católica, y también en la filosofía, la palabra alma significa el elemento espiritual que informa al cuerpo humano (elemento material); constituyen ambos una unidad substancial que es la persona humana. El alma es espiritual, individual e inmortal, y ha sido creada inmediatamente por Dios, en cada persona; no procede -como el cuerpo- por vía de generación, de los padres.

La palabra "alma" -dice el autor del texto que se publicó en la revista Nuestro Tiempo (nº 603, IX-2004)- encierra el misterio de la vida y sus sorprendentes propiedades; el misterio del más allá y las aspiraciones humanas más profundas; y el misterio de la conciencia humana, de la inteligencia y la libertad. La palabra "alma" indica también a la persona, al ser espiritual, querido por Dios y constituido, por su amor, como un interlocutor para siempre. El alma humana no es un duende, ni una cosa que esté en el hombre, ni una parte del hombre. Es el sujeto espiritual, con su forma y sus propiedades, la persona querida por Dios. Todo esto es lo que lleva dentro la palabra alma.

por Juan Luis Lorda, Prof. de Teología Dogmática y Antropología, Universidad de Navarra
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Con las grandes palabras, especialmente si tienen mucho uso, hay que tener cuidado. Porque a medida que pasan de boca a boca y de mente a mente, se confunden, pierden sus conexiones con la realidad y flotan en el mundo de las ideas como globos a la deriva. Sugieren demasiadas cosas a la vez. Para trabajar con las grandes palabras, hay que anclarlas en la realidad: acudir a los lugares originales de donde procede su sentido.

La palabra alma es una palabra enorme, un globo gigantesco. Muy venerable, porque está relacionada con lo más sublime. Pero también pintoresca, cuando la mentalidad popular se la representa como un duende dentro del hombre. Una cultura tan científica como la nuestra no está para duendes. Entia non sunt multiplicanda praeter necessitatem (Ockham: "no hay por qué admitir más cosas que las necesarias"). Chesterton o Tolkien protestarían al unísono, y defenderían también la necesidad de los duendes, precisamente para contrarrestar una visión exclusivamente científica del mundo. Pero yo me voy a limitar a defender la existencia del alma.

Si comenzamos preguntando por lo que evoca la palabra, flotaremos. Tenemos que tomar tierra y relacionar la palabra con la realidad. En su origen, la palabra "alma" está relacionada con tres experiencias humanas muy importantes. La primera es el misterio de la vida y la diferencia entre la vida y la muerte. La segunda es la pregunta por el más allá, y en concreto por la supervivencia personal. La tercera se refiere a lo característico del espíritu humano , a la vida de la inteligencia y al ejercicio de la libertad y de la creatividad. No se trata de duendes.

La vida tiene una maravillosa riqueza de propiedades. Hay muchos cuentos donde los protagonistas se suben a una roca y resulta ser un elefante o creen llegar a una isla y se encuentran sobre el caparazón de una tortuga. Desde luego, en los cuentos y en la realidad, hay mucha diferencia entre subirse a un montón de tierra o a un elefante. El elefante o la tortuga pueden hacer cosas que no cabe esperar de la montaña o la isla.

El niño que está entusiasmado con su perrito se llevará un disgusto terrible si se le muere: se acabaron los juegos, se acabó el correr, se acabó esa mirada y los saltos de alegría cuando vuelve a casa. Al tocar el cuerpo frío del animal, notará la diferencia. Se asomará a la tragedia de la muerte, a esa amenaza tan tremenda para lo vivo. El cuerpo inmóvil que tiene delante, parece el mismo, pero ya no es el mismo. Ha dejado de estar animado: ha perdido la vida. En este primer sentido, alma es lo mismo que animación. Todo lo vivo está "animado". Es lo que se ve a simple vista.

Como vivimos en una sociedad ilustrada por los conocimientos científicos, ya no podemos quedarnos con lo que se ve a simple vista. Sabemos mucho más sobre la realidad. Esto es una ventaja, pero también un inconveniente. Desde luego, saber más, es siempre una ventaja. El inconveniente consiste en que el conocimiento de los detalles puede impedirnos la visión de conjunto. Los árboles pueden ocultarnos el bosque: el bosque sólo se ve a simple vista, sin análisis.

La materia

La mentalidad científica moderna es, en mucha parte, "constructivista" , perdón por la palabra. Es decir, entiende que explicar una cosa es lo mismo que decir cómo está hecha, cuáles son sus componentes y como se combinan. Desde luego una gran parte de la ciencia moderna, la química, la física atómica y la biología, han progresado a base de analizar los compuestos y encontrar los elementos y su estructura. Esto lleva a que muchas personas con mentalidad científica al ver la realidad, piensen siempre en su composición. Ven un mineral y recuerdan de qué está compuesto. Ven un árbol y recuerdan sus estructuras. Y lo mismo al ver un perro o una persona. Hoy sabemos que, con diferentes grados de complejidad, todo está compuesto de los mismos elementos de la tabla periódica que puso en orden, hace más de cien años, Mendeleiev (+ 1907).

Cuando una persona con mentalidad científica ve que muere un animal o una persona, piensa en las alteraciones orgánicas que se han producido y que hacen imposible la vida. Tiene razón: para explicar la muerte basta fijarse en la alteración de los componentes orgánicos. El problema es que, cuando ven un ser vivo o a una persona piensan que está vivo sólo porque está construido con estos componentes. Y lo ven como si fuera una enorme estructura bioquímica que funciona ordenadamente. Muchos dirán que, "en el fondo", es una aglomeración de materiales que funciona gracias a las propiedades físicas y químicas de sus elementos. Y aquí no tienen razón. O, por decirlo mejor, tienen sólo una parte pequeña de razón. Porque esta explicación es muy reductiva: oculta el misterio de la vid a. Es como si dijéramos que El Quijote es un conjunto ordenado de letras o una casa un conjunto ordenado de materiales de construcción. Es verdad, pero ocultamos mucha más verdad de la que decimos.

Ningún materialista aceptaría de buen humor que le cambiaran a su hijo por un cubo de agua y un saquito de polvo. Y, sin embargo, es verdad que, desde el punto de vista de los materiales, el hijo es, "en el fondo", como toda la materia viva, 80 por ciento de agua y unos pocos kilos de calcio, carbono y otros elementos químicos. Si fuera consecuente con lo que piensa, tendría que aceptar el cambio sin pestañear. Pero algo nos dice que no aceptaría. Y hace bien. Quizá defienda en teoría que es lo mismo, pero no se atreverá a vivir como si fuera lo mismo. Sólo unos pocos canallas en la historia han sido capaces de ser consecuentes hasta el final. Los demás se han sentido paralizados por sus sentimientos humanitarios, por su intuición espontánea sobre las cosas. Es que algo no cuadra. Quizá los árboles nos ocultan el bosque.

La forma

¿Por qué la materia organizada y en funcionamiento es más que la materia suelta? Plantearse la pregunta así, honradamente, ya es un gran paso, casi una voltereta, porque nos puede llevar a ver las cosas al revés. Pero es la única manera de defender que el hijo "es más" que el cubo de agua y el saquito de polvo.

Bien mirado, es asombroso que la naturaleza resulte ser como un inmenso juego de construcción, con tanta complejidad y con tantísimas propiedades. Esto lo entienden mejor los aficionados a las arquitecturas y los mecanos. Hay muchos juegos de construcción muy buenos. Y se pueden hacer muchas cosas con piezas simples. Aunque, desde luego, no tantas cosas como las que hace la naturaleza. No se vende ningún juego con unas piezas tan polivalentes, capaces de formar tan sorprendentes estructuras.

No existe un juego que permita construir un perro ni nada parecido. Hay mecanos que permiten construir coches. Te dan las piezas y los planos para ponerlas en su sitio. Si tienes imaginación, puedes construir también cosas que no están previstas en los juegos de construcción: palacios estupendos o mecanismos curiosos. Caben variantes sin límite, infinitas. Sólo estás limitado por las posibilidades de las piezas. Pero ningún juego de arquitectura permite construir, por ejemplo, un motor de explosión. Las piezas no tienen las propiedades mecánicas y térmicas necesarias.

Si tuviéramos piezas de metales muy resistentes y con la forma adecuada, podríamos acoplarlas y hacer un motor de explosión. Pero sólo si tienen la forma adecuada. No sirve cualquier pieza. Para hacer un motor de explosión, primero necesitamos la idea del motor de explosión y luego, con poca libertad, podemos hacer las piezas. Lo curioso es que aquí vamos en sentido contrario que el análisis científico normal. No explicamos el motor por las piezas que lo componen, sino al revés: las características de las piezas se explican porque las necesitamos para el motor. Lo que manda es la idea del motor.

Sería ridículo explicar el motor de explosión diciendo que es una acumulación de piezas. Antes que nada, el motor es una idea. Podemos hacer las piezas con distintas formas y materiales, pero tenemos que respetar la idea. Se da la curiosa circunstancia de que las propiedades del motor de explosión son propiedades de la idea del motor , no de las piezas. Las piezas sueltas no tienen esas propiedades: si alguien las viera sueltas, no podría deducir las propiedades del motor. Sólo cuando están unidas según la idea del motor, tienen las propiedades del motor. El motor tiene más propiedades que las piezas.

Las personas con mentalidad exclusivamente científica están acostumbradas a explicar la vida por sus elementos. Y dicen que todo es, en el fondo, una combinación de piezas elementales con propiedades elementales. Todo lo de arriba se explica por lo de abajo; y, en el fondo, se reduce a lo de abajo. Lo verdaderamente real es lo de abajo.. Esto lo dicen científicos serios (S. W. Hawking, S. Weinberg, F. Crick) y también otros (C. Sagan, E. O. Wilson, R. Dawkins) que se dedican a la divulgación de la ciencia y a la extrapolación (a veces incontrolada) de los conocimientos. Pero es un reduccionismo , tan grande como explicar una casa sólo por sus ladrillos o El Quijote por sus letras.

Es más: pudiera ser muy bien que el mundo se explicara al revés, como el motor. Que las características de las piezas elementales se expliquen por las ideas superiores. Puede ser que haya que comprender los elementos de la materia como las piezas de algo superior , que tiene muchas más propiedades que las piezas. Si no, no se puede justificar la extraordinaria capacidad y polivalencia de este juego de construcción.

Es interesante notar que las ideas, las formas tienen propiedades (el motor de explosión). Aprovechan las propiedades de sus componentes, pero se comportan como un conjunto que tiene más propiedades que sus componentes. En la misteriosa diferencia entre lo vivo y lo muerto, sucede esto, con un nivel de complejidad fabuloso. Lo vivo, con todo el organismo en su sitio, tiene muchas más propiedades y muy superiores a lo no vivo. A esto, se le llama, a veces, emergentismo (M. Bunge): aunque la palabra sugiere una dirección de abajo arriba.

Quizá haya que dar la vuelta. Quizá sea más sensato pensar que los elementos de la materia son, en realidad, las piezas de lo vivo. Si la idea de lo vivo no estuviera de alguna forma prevista en el juego de construcción, ¿cómo se va a producir ese enorme salto hacia arriba? En los juegos de construcción, nunca se producen estos saltos de calidad. Y menos por casualidad. Si metiéramos millones de piezas de arquitectura, en una hormigonera y dieran vueltas durante miles años, se produciría de vez en cuando un trozo de pared, pero nunca un castillo y mucho menos un caballo. Por más vueltas que demos. Y si metiéramos canicas, nunca se produciría nada. No hay problema en admitir que la forma de un montón de tierra se ha producido por casualidad. Pero parece absurdo decir que la forma de los seres vivos se ha producido por casualidad. Las formas superiores tienen que estar previstas de alguna manera en el juego; tienen que ser posibles. ¿No habrá que pensar el mundo desde arriba en lugar de pensarlo desde abajo?

Fuente: Fernando H. en www.maresdelmundo.blogspot.com

sábado, 13 de noviembre de 2010

Preparamos el Mercadillo de Navidad


Estamos preparando el tradicional Mercadillo de Navidad en favor de Cáritas Diocesana. este año lo pondremos el 11 de Diciembre en la Plaza de Santo Domingo de la Capital murciana. Solicitamos la colaboración de todos para conseguir el fin que pretendemos: hacen falta muchos productos alimenticios no perecederos para el Comedor de Cáritas y de Jesús Abandonado. Lo pueden traer a la Parroquia por las tardes.

DOMINGO 33 DEL T.O.-CICLO C


Con vuestra perseverancia salvareis vuestras almas



Celebramos el último domingo del año litúrgico. El próximo domingo será la fiesta de Cristo Rey del Universo. El Señor nos habla del fin de los tiempos. “Llegará día en que no quedará piedra sobre piedra: todo será destruido…”, dice el Señor. Y cuando le preguntan sobre el día y la hora, contesta: “Cuidado que nadie os engañe. Porque muchos vendrán usurpando mi nombre, diciendo , o ; no vayáis tras ellos…”

El Señor nos advierte de los falsos profetas. Los ha habido en todos los tiempos. Son los anti-Cristo, que pretenden desviar nuestra orientación religiosa hacia otras metas distintas a las del Evangelio. El demonio se vale de personas e instituciones para intentar anular la acción de Dios en la humanidad. La historia, incluida la reciente, es testigo de ello. Los falsos redentores de la humanidad han causado estragos entre los seres humanos pensando que hacían un bien. Podemos recordar las persecuciones religiosas de nazismo, del comunismo, y de otras corrientes materialistas, que eliminaron millones de personas por el solo hecho de creer en Dios. La revolución bolchevique en Rusia causó la muerte a 109.000 sacerdotes y religiosos. En España fueron cerca de 10.000. En Alemania verdaderas riadas de personas terminaron sus vidas en los campos de exterminio. Es la dictadura del odio a Dios, y el endiosamiento de los tiranos.

Estaba previsto que sucederían estas cosas por la maldad de muchos corazones. El reino del mal es capaz de todo. Y siempre lo pagan los mismos. En nuestros días se sigue persiguiendo, y se sigue atacando con la falsedad y el odio de corazones miserables, pervertidos. “Así tendréis ocasión de dar testimonio”.

Salimos de Dios y vamos a Dios. Cada uno por su camino. Pero hay llevar mucho cuidado con la cizaña, que pretende ahogar el mal con la basura de la mentira y la maldad. ¿Qué se pretende con la asignatura “Educación para la ciudadanía”?. Algunos ingenuos piensan que se pretende hacer buenos ciudadanos. Pero lo que realmente se pretende es adoctrinar a los niños y jóvenes para moldearlos a su gusto, eliminando toda referencia a lo trascendente, e incluso a los valores del espíritu. Es tratar de hacer ciudadanos en serie. En el fondo es imponer a nivel nacional un modelo de hombre al margen, e incluso en contra, de toda religión. Esto es lo que desde hace años intentan con cierto éxito algunos nacionalismos, y ahí tenemos los resultados en el terrorismo.

Pero Dios conoce lo que hay en el corazón de cada hombre. Sabe distinguir lo bueno de lo malo. Y El no pierde la guerra, aunque parezca que pierde algunas batallas.

No debemos ser catastrofistas, pero sí realistas y astutos, como las serpientes. Hay que vigilar y orar para no caer en la tentación. Y ser constantes en hacer el bien. Nuestro mayor peligro es refugiarnos en nuestra comodidad y dejar al mundo correr, como si lo que pasa en la calle, en la cultura, en la sociedad en general no fuera con nosotros. Podemos pecar de omisión. La causa de Dios es nuestra causa. Y lo que pretende la Iglesia es tratar de que vivamos el plan de Dios para el mundo, para cada uno de nosotros. No lo olvidemos: Con nuestra perseverancia salvaremos nuestras almas. Un buen propósito sería reflexionar sobre mi actitud ante los acontecimientos sociales que afectan a todos, y en especial a la familia.



Juan García Inza

sábado, 6 de noviembre de 2010

DOMINGO 32 DEL T.O.-CICLO C


Dios de vivos, no de muertos



El evangelio de este domingo nos habla de la vida eterna. Nuestro fin no es la muerte. Hemos sido creados para la eternidad. El hombre está compuesto de cuerpo material y alma espiritual. La muerte es la separación del cuerpo y el alma. El primero, que es material, se queda aquí en la tierra, se descompone, desaparece. Pero el alma, que es espiritual, no muere. Dios ha querido que permanezca para siempre porque somos criaturas especiales, hechos a imagen y semejanza de Dios. ¿En qué somos semejantes a Dios? No en el cuerpo, evidentemente, porque Dios no tiene cuerpo. Nuestra semejanza está en aquello que nos hace inteligentes y libres. Es decir, en nuestra alma espiritual.

Nuestra fe cristiana se fundamenta en Dios, revelado por Cristo, el Hijo de Dios hecho hombre. Cristo como hombre tenía también cuerpo y alma. Y por ser Dios era perfecto y, por tanto, su cuerpo no podía corromperse, no tenía la huella del pecado original. De ahí la necesidad de la Resurrección, y la transformación de su cuerpo mortal en cuerpo glorioso. La Virgen María tampoco tenía pecado original, y al cumplirse su tiempo en la tierra fue subida al cielo.

Nosotros estamos llamados a la vida eterna. Cuando morimos nuestra alma entre en esa vida del espíritu que no acaba. Los que mueren en paz con Dios pasan a disfrutar de la gloria eterna. Los que tienen que purificar sus faltas antes de gozar de Dios, tienen un tiempo para ello en ese estado que llamamos Purgatorio. Los que deliberadamente no quieren saber nada con Dios, el Señor respeta su libertad al máximo, y serán privados eternamente de la visión de Dios. ¿Cómo es posible esto? Es posible porque el reino de Dios es el Reino del Amor, y el amor es libre. No se puede amar a Dios ni a nadie a la fuerza. El Señor no quiere servidores forzados. Nos ayuda con su gracia para que sigamos acertadamente su camino, pero no fuerza en absoluto nuestra libertad.

La Gloria es el estado en el que gozan los bienaventurados de la presencia de Dios. Todos estamos llamados a ella. En el Cielo, por decirlo así, hay un sitio reservado para nosotros. Pero hay que poner los medios. Y los medios ya sabemos los que son: todos aquellos que nos ha dejado Cristo para vivir en Gracia de Dios.

En el último día las almas se unirán a nuestros cuerpos recreados en estado glorioso, para que sea el hombre entero, cuerpo y alma, el que goce de Dios. La primicia de ese momento ya la vivió Cristo y la Virgen María. La santidad es precisamente gozar de la presencia de Dios aquí en la tierra y después en el cielo.

Dios es de vivos, no de muertos. Nos quiere vivos. El dijo YO SOY LA RESURRECCIÓN Y LA VIDA, EL QUE CREE EN MI AUNQUE HAYA MUERTO VIVIRÁ. Y nosotros creemos esta gran y consoladora verdad.





Juan García Inza

Centro de Orientación Juvenil

El Equipo del Centro de Orientación Juvenil que hemos creado en la Parroquia sigue trabajando para comenzar las actividades lo antes posible. Estamos programando las actividades culturales, deportivas, lúdicas, etc. Ya contamos con una información detallada de posibles actividades deportivas en centros oficiales y también de senderismo. En responsable de Cine-forum cuanta con una relación de películas interesantes. La página Web ya funciona. Seguiremos reuniéndonos para avanzar en la programación. Ofrecemos hoy el cartel que se difundirá en los Centros de Secundaria

domingo, 31 de octubre de 2010

SOLEMNIDAD DE TODOS LOS SANTOS


Ofrecemos una serie de datos bíblicos que nos pueden hacer reflexionar sobre la importancia del culto a los Santos, en este día que celebramos la fiesta de todos los que están en cielo gozando de la presencia de Dios.



Culto a los Ángeles y a los Santos

-Los ángeles y los santos deben recibir culto de la Iglesia

-Es lícito venerar a los ángeles y a los santos e invocar su intercesión

-Es beneficioso tributar culto a los santos

-La Virgen María, los ángeles y los bienaventurados del cielos deben recibir el culto de la Iglesia.

En la Sagrada Escritura, consta de la Virgen María.

.....por eso desde ahora todas las generaciones me llamarán bienaventurada,... (Lc. 1, 48).

Aclaración. La Virgen María, los ángeles y los santos tienen una excelencia especial, inferior a la dignidad de Dios, pero superior a la de los hombres. Lo mismo que a los hombres que tienen cierta excelencia, se les debe cierto honor, así a la Virgen María, a los ángeles y a los santos se les debe honor tributado por el culto sagrado.

-Es lícito venerar a los Ángeles y Santos del cielo e invocar su intercesión.

a) -A los ángeles.

También ahora me ha enviado Dios para curarte a ti y a tu nuera Sara. Yo soy Rafael, uno de los siete ángeles que están siempre presente y tienen entrada a la Gloria del Señor (Tob. 12, 16).

Cuando tú y Sara hacíais oración, era yo el que presentaba y leía ante la Gloria del Señor el memorial de vuestras peticiones. Y lo mismo hacía cuando enterrabas a los muertos (Tob. 12, 12).

b) -A los santos.

Y por mano del Ángel subió delante de Dios la humareda de los perfumes que representan a las oraciones de los santos (Apoc. 8, 4).

Aclaración. La legitimidad y provecho del culto tributado a los ángeles y a los santos se deduce de la excelencia sobrenatural de unos y otros, que radica de la contemplación de Dios de la cual ellos disfrutan.

.....porque yo os digo que sus ángeles, en los cielos ven continuamente el rostro de mi Padre... (Mt. 18, 10).

Ahora vemos en un espejo, confusamente. Entonces veremos cara a cara (1 Cor. 13, 12).

Sabemos que, cuando se manifieste, seremos semejante a Él, porque Le veremos tal cual es (1 Jn. 3, 2).

-Es saludable y beneficioso tributar culto a los Santos.

a) -Saúl tributó culto al alma de Samuel.

Comprendió Saúl que era Samuel y cayendo en tierra se postró (1 Sam. 28, 14).

b) -Los hijos de los profetas adoraron al espíritu de Elías que reposaba sobre Eliseo.

Habiéndole visto la comunidad de los profetas que estaban enfrente, dijeron: «El espíritu de Elías reposa sobre Eliseo.» Fueron a su encuentro, se postraron ante él en tierra, y le dijeron: «Hay entre tus siervos cincuenta hombres valerosos; que vayan a buscar a tu señor,...» Él dijo: «No mandéis a nadie...» (2 Reg. 2, 15-16).

c) -Dios mismo honra a los santos.

Al que me sirva, el Padre le honrará (Jn. 12, 26).

Aclaración. La alabanza se tributa a los santos no solamente por su excelencia natural, sino por la sobrenatural que la Iglesia les concede.

2. Intercesión de los Justos

-Pueden interceder ante Dios para conseguir sus ayudas para los hombres

-Los bienaventurados interceden ante Dios en favor de los que viven en este mundo

-Encomendarse a las oraciones de los justos de la tierra es lícito y beneficioso

-Dios concede muchos bienes a los hombres por los ruegos de los justos

-Los Justos pueden interceder ante Dios para conseguir en favor de los hombres las ayudas de Dios que necesitamos.

a) -Cristo.

De ahí que puedan también salvar perfectamente a los que se llegan a Dios, ya que está siempre vivo para interceder en su favor (Hbr. 7, 25).

b) -La Virgen María.

Y, como faltara vino, le dice a Jesús su Madre: «No tienen vino» Jesús le responde: «¿Qué tengo yo contigo, mujer?» Todavía no ha llegado mi hora.» Dice su madre a los sirvientes: «Haced lo que él os diga» (Jn. 2, 3-5).

c) -Moisés.

Entonces el pueblo fue a decirle a Moisés: «Hemos pecado por haber hablado contra Yahvéh y contra ti. Intercede ante Yahvéh para que aparte de nosotros las serpientes» Moisés intercedió por el pueblo (Núm. 21, 7).

d) -Job

Mi siervo Job intercederá por vosotros y, en atención a él, no os castigaré por no haber hablado con verdad de mí, como mi siervo Job (Job 42, 8).

e) -Los Justos.

.....rogad por los que os persiguen para que seáis hijos de vuestro Padre celestial... (Mt. 5, 44-45).

f) -Pablo a los Romanos.

Pero os suplico, hermanos, por nuestro Señor Jesucristo y por el amor del Espíritu Santo, que luchéis juntamente conmigo en vuestras oraciones rogando a Dios por mí, para que me vea libre de los incrédulos de Judea (Rom. 15, 30-31).

g) -Andrés y Felipe.

Había algunos griegos entre los que subían a adorar en la fiesta. Éstos se dirigieron a Felipe, el de Betsaida de Galilea, y le rogaron: «Señor, queremos ver a Jesús». Felipe fue a decírselo a Andrés: Andrés y Felipe fueron a decírselo a Jesús (Jn. 12, 20-22).

h) -Unos por otros.

.....orad los unos por los otros para que seáis curados (Sant. 5, 16).

i) -Los justos en general.

La oración ferviente del justo tiene mucho poder.

Sant. 5, 16.

Aclaración. Si la oración del justo en la tierra es eficaz, ¿Por qué no habrá de ser también eficaz y poderosa la oración de santos en el cielo?

-Los bienaventurados del cielo interceden mediante sus oraciones ante Dios, en favor de los que viven en este mundo.

Onías había dicho: «Éste es el que ama a sus hermanos, el que ora mucho por su pueblo y por la ciudad santa, Jerusalén, el profeta de Dios» (2 Mac. 15, 14).

Aclaración. Hacía años que el profeta Jeremías había muerto; sin embargo, seguía intercediendo por su pueblo mediante su oración.

-Encomendarse a las oraciones de los justos que moran en la tierra es lícito y beneficioso.

a) -Job intercedió por sus amigos y Dios prometió no castigarles.

Mi siervo Job intercederá por vosotros y, en atención a él, no os castigaré por no haber hablado con verdad de mí, como mi siervo Job (Job 42, 8).

b) -Pablo pide a los romanos que pidan a Dios por él.

.....os suplico, hermanos, por nuestro Señor Jesucristo y por el amor del Espíritu Santo, que luchéis juntamente conmigo en vuestras oraciones rogando a Dios por mí, para que me vea libre de los incrédulos de Judea, y el socorro que llevo a Jerusalén sea bien recibido por los santos;... (Rom. 15, 30).

c) -Los Apóstoles se encomendaban a las oraciones de los justos.

Hermanos, orad también por nosotros (1 Tes. 5, 25).

Finalmente, hermanos, orad por nosotros para que la Palabra del Señor siga propagándose...y para que nos veamos libres de los hombres perversos y malignos;... (2 Tes. 3, 1).

d) -Santiago recomienda que los presbíteros oren sobre los aquejados por la enfermedad.

¿Está enfermo alguno de vosotros? Llame a los presbíteros de la Iglesia, que oren sobre él y le unjan con óleo en el nombre del Señor. Y la oración de la fe salvará al enfermo,... (Sant. 5, 14).

Aclaración. Si es lícito y beneficioso invocar a los santos que aún viven en este mundo, ¿cuánto más no será lícito y beneficioso invocar a los que están con Dios en la bienaventuranza eterna?

-Dios suelo conceder muchos bienes a los hombres por los ruegos de los Santos.

a) -Por Abraham.

Abraham rogó a Dios, y Dios curó a Abimélak, a su mujer y a sus concubinas;... (Gén. 20,17).

b) -Por Job

Después Yahvéh restauró la situación de Job, porque había intercedido en favor de sus amigos; y aumentó Yahvéh al doble todos los bienes de Job (Job 42, 10).

c) -Por Pablo.

Pero os suplico, hermanos, por nuestro Señor Jesucristo y por el amor del Espíritu Santo, que luchéis juntamente conmigo en vuestras oraciones rogando a Dios por mí, para que me vea libre de los incrédulos de Judea, y el socorro que llevo a Jerusalén sea bien recibido por los santos; y pueda también llegar con alegría a vosotros por la voluntad de Dios, y disfrutar de algún reposo entre vosotros (Rom. 15, 30-32).

3. Reliquias de los Santos

-Dios quiere que las veneremos

-Dios quiere que veneremos las reliquias de los Santos pues les concede poderes milagrosos.

Tomó Elías su manto, lo enrolló y golpeó las aguas, que se dividieron de un lado y de otro, y pasaron ambos a pie enjuto (2 Reg. 2, 8).

Tomó el manto Elías y golpeó las aguas diciendo: «¿Dónde está Yahvéh, el Dios de Elías?». Golpeó las aguas que se dividieron de un lado y de otro y pasó Eliseo (2 Reg. 2, 14).

Estaban unos sepultando un hombre cuando vieron una banda y, arrojando al hombre en le sepulcro de Eliseo, se fueron. Tocó el hombre los huesos de Eliseo, cobró vida y se puso en pie (2 Reg. 13, 21).

Entonces una mujer que padecía flujo de sangre desde hacía doce años, y que no pudo ser curada por nadie, se acercó por detrás y tocó la orla de su manto y al punto se le paró el flujo de sangre. Jesús le dijo: «¿Quién me ha tocado?». Como todos negasen, dijo Pedro y los que con él estaban: «Maestro, las gentes te oprimen y te aprietan.» Pero Jesús dijo: «Alguien me ha tocado, porque he sentido que una fuerza ha salido de mí» (Lc. 8, 43-46).

Dios obraba por medio de Pablo milagros extraordinarios, de forma que bastaba aplicar a los enfermos los pañuelos o mandiles que había usado y se alejaban de ellos las enfermedades y salían los espíritus malos (Hch. 19, 11).

Aclaración. Si Dios quiso que las prendas de los santos hiciesen milagros, cuanto más querrá que veneremos sus cuerpos que tanto cooperaron a su gloria.



En este día tan gozoso, nos unimos a la alegría de los que ya están con Dios, y nos encomendamos a ellos para que intercedan por nosotros.

El día de LOS FIELES DIFUNTOS, seremos nosotros los que recemos por todos aquellos que ya están en la eternidad, pero todavía no gozan de la presencia de Dios. Sus almas están purificándose para entrar, ya santificados, a gozar del señor en el Reino de los Cielos.



Juan García Inza