Del amor líquido y sus paradojas: El matrimonio
Me dedico especialmente a los problemas matrimoniales que llegan hasta la sala del Tribunal Eclesiástico en donde ejerzo de Juez. Cada caso un historia lamentable de falta de entendimiento, decisiones inmaduras, incapacidades para asumir los derechos y obligaciones propios del matrimonio, infidelidades, adicciones diversas (internet, juegos, drogas, etc.), errores que se cometen o que son inducidos dolosamente… Siempre ha habido crisis matrimoniales, pero lo que caracteriza al hombre y a la mujer de nuestro tiempo es la poca disposición para afrontar los problemas y buscarles solución, si las tiene. A la más mínima se rompe el lazo que les une, se falta a la palabra dada, se buscan soluciones drásticas sin pensar en el dolor que provocan. Ese el fruto de una cultura, o de un pensamiento, que podemos llamar líquida, porque se filtra por las rendijas y se escapa.
Traigo al Blog un trabajo de Francesc Torralba Roselló que considero de interés. Hay que leerlo despacio y reflexionar sobre el fondo de la cuestión que se plantea.
Ya no decimos 'hasta que la muerte nos separe', sino apenas un 'veremos cómo funciona'
Seguimos a Zygmunt Bauman y su teoría del amor líquido. Según el analista cultural, el matrimonio, tal y como se contempla en la tradición occidental, es una institución demasiado densa para sobrevivir en la modernidad líquida.
La mentalidad del hombre postmoderno es incompatible con la decisión que conlleva la vida conyugal, pero también con cualquier otra que suponga el ejercicio de una opción fundamental y un trabajo de renuncia infinita.
Se comprende que, en estos contextos, la vocación de vida consagrada o la entrega absoluta a una causa que se sitúe más allá del hombre, genere auténtico temor y temblor en el personal.
Uno no se fía de sí mismo, ni de su capacidad para permanecer fiel a las decisiones libremente articuladas. Se teme, como nunca, el vértigo de las posibilidades, el abismo de la auténtica libertad. Se defiende, paradójicamente, la libertad, pero se trata de una libertad líquida, de un puro ejercicio del libre albedrío, de la elección entre dos o más ofertas de consumo inmediato, pero la libertad radical, ésa que abre una zanja en la vida personal, la libertad sólida, se teme como al hambre.
La crisis del matrimonio en las sociedades postmodernas no es una casualidad, ni un paréntesis en la historia, sino un síntoma inequívoco de la modernidad líquida. En el fondo, es una crisis de libertad.
El matrimonio es demasiado sólido para sostenerse en el escenario postmoderno. Da miedo. Causa estupor. Soeren Kierkegaard lo caracterizó como un tipo de vida serio, fundado en el compromiso y en el deber, en la palabra dada y en la fidelidad probada a lo largo del tiempo.
Nada tiene que ver este estadio de vida con la vida frívola y seductora del don Giovanni que busca desesperadamente el mejor néctar de cada flor, pero teme, con igual desesperación, cualquier forma de compromiso. La raíz del matrimonio no está en la sensualidad, tampoco en el sentimiento, sino en la razón.
El matrimonio da miedo, aterroriza a los hipotéticos contrayentes, porque ellos mismos no se sienten capaces de lanzarse al vacío. Tienen que experimentar, con antelación, si son compatibles. Deben vivir juntos, probar, experimentar, conocerse en distintas situaciones, observar si pueden compaginar.
Investigan si sintonizan y, a lo sumo, después de un par de años de convivencia, se lanzan a la piscina del matrimonio. Después del gran festejo y de las deprimentes despedidas de soltería, los temerosos ciudadanos líquidos se casan. Pero nada garantiza la vigencia de tal vínculo, ni siquiera a pesar de los contactos previos.
El número de rupturas matrimoniales que se producen en nuestro entorno cultural es extraordinario y ha crecido cualitativamente en los dos últimos lustros. Ello obedece a muchos factores, tanto de orden económico, como psicológico o político, pero no se puede descartar que en el fondo subyace un tipo de ciudadano líquido que siente los vínculos que forja como algo muy inestable y voluble.
La idea de un compromiso de por vida, más allá de los avatares y de las metamorfosis que se experimentan en ella, es algo que se presenta como titánico para el sujeto postmoderno. Supera su frágil voluntad. Nadie se siente capaz de garantizar sus sentimientos futuros, sus nuevos horizontes profesionales, sus aventuras y aficiones de mañana y, por ello, uno prefiere salvaguardar la libertad individual, la vida ajena a los compromisos de larga duración.
Se teme a los papeles, a los jueces y a los abogados; se teme a llevar a cabo una opción fundamental que determine un antes y un después en la biografía de una persona. Se prefiere dilatar, indefinidamente, la indecisión, la etapa del sueño juvenil, donde todos los horizontes son posibles y nada está cerrado. Se teme a la instalación, a la monotonía, a vivir con fidelidad las propias decisiones.
El compromiso se interpreta como negación de la libertad personal y la vinculación a una sola persona, se experimenta como una condena, como un bochornoso pacto que destruye la creatividad de la vida. Se huye del pasado, se teme el futuro y se vive con intensidad el presente, a sabiendas de que todo es muy voluble y de que nada permanece estático bajo el sol.
En este contexto, proliferan las parejas a tiempo parcial. Aborrecen la idea de compartir la casa y prefieren conservar separadas las viviendas, las cuentas bancarias y los círculos de amigos, y compartir su tiempo y su espacio cuando tienen ganas, pero no en caso contrario.
El viejo estilo del matrimonio “hasta que la muerte nos separe” ha quedado desplazado por la reconocida temporaria cohabitación del tipo “veremos cómo funciona”.
Persisten los símbolos, los ritos y las liturgias de antaño, pero, fundamentalmente, por razones estéticas. Las iglesias embellecen simbólicamente el acto del compromiso, pero tal compromiso sólo tiene una dimensión líquida. Se multiplican los ritos laicos creados a imagen y semejanza de la denostada religión, pero tienen un significado esencialmente icónico.
El ciudadano líquido adora los detalles, el ceremonial, la indumentaria y las convenciones más clásicas, experimenta un revival neogótico, pero no dota a tales celebraciones de significado ético. Los hijos de los hippies no sienten aversión al templo, ni odian a la familia burguesa como lo experimentaron sus padres. Les agrada todo aquel mundo de palabras y de cirios, pero no tienen el coraje de luchar contra el sistema como sí que hicieron sus padres, cuanto menos, cuando eran jóvenes.
La postmoderna razón líquida ve opresión en los compromisos duraderos. Los vínculos durables despiertan su sospecha de una dependencia paralizante. Esta razón niega su derecho a las ataduras y los lazos, sean espaciales o temporales.
Las ataduras y los lazos vuelven impuras las relaciones humanas, tal y como sucedería con cualquier acto de consumo que proporcione satisfacción instantánea así como el vencimiento instantáneo del objeto consumido.
Fuente: http://www.francesctorralba.com/castellano/articulos_1.php?pageNum_rs_article=9&totalRows_rs_article=320
De acuerdo con esta excelente exposición de lo que supone el llamado “amor líquido”, las parejas de novios y los matrimonios deben reflexionar sobre la calidad de su amor. ¿Nace de dentro, o es pura sensualidad? ¿Hay voluntad de que dure siempre o hasta que se canse alguno de ellos o los dos? ¿Hay sinceridad en el amor o es pura apariencia? ¿Va en serio lo de “hasta que la muerte nos separe”? El amor no se puede comprar ni alquilar por un tiempo. Las personas merecen un respeto. No hay que confundir el amor humano y esponsal con un juego o una diversión pasajera. Los jóvenes de hoy no reciben, generalmente, lecciones de amor sincero, sino clases de sexualidad, y les llegan ofertas del erotismo más burdo desde muy temprana edad. Pienso que hay que enseñar urgentemente a los niños y a los jóvenes a saber amar con el corazón. Y esto no se aprende en los libros, sino en la vida. El ejemplo, el testimonio, es la mejor lección.
Juan García Inza
Juan.garciainza@gmail.com
Este Blog pretende ser un instrumento al servicio de la Parroquia, para información y formación de los visitantes
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miércoles, 20 de julio de 2011
martes, 19 de julio de 2011
Las 7 reglas del diálogo conyugal
Actualizado 19 julio 2011
Las 7 reglas del diálogo conyugal
El verano es un buen tiempo para que los esposos dialoguen sin prisas. Es verdad que a veces en verano hay ruidos y desorden, pero hay tiempo “perdido” que se puede aprovechar para estrechar lazos, afianzar compromisos, revisar comportamientos, alimentar las ilusiones que nunca se deben perder, mirar los dos al infinito y volver a enamorarse... Que nunca quede al llegar septiembre la sensación de haber perdido el tiempo.
Pero, ¿cómo ha de ser el diálogo conyugal? El P. Nicolás Sckwizer propone estas siete reglas prácticas para que ahora ofrecemos, y que garantizan la renovación en el amor si se siguen de corazón. ¿por qué no hacer la prueba?
Para que el diálogo sea enriquecedor y fecundo, hay que cumplir determinados requisitos. Cada pareja, al poseer una identidad propia, tendrá que encontrar su manera peculiar. Existen, no obstante, determinadas reglas básicas. ¿Cuáles son estas reglas del diálogo conyugal? Se pueden resumir así: el diálogo conyugal, para que sea eficaz y creador, debe ser: humilde, paciente, simpático, cálido, oportuno, constante y renovado.
1. Humilde. La primera cualidad del diálogo es la humildad. No se debe avanzar hacia el otro hinchado por su propia perfección, seguro de lo definitivo de sus razones. No existe el cónyuge ideal, ni tampoco nadie es dueño de toda la verdad. Semejante actitud imposibilita el intercambio desde el origen.
El peligro de todo diálogo conyugal es que, frecuentemente, se vuelva una acusación: se tortura, se ataca, se acusa recíprocamente, y se sale de esta situación más apartado que nunca. Por eso conviene que los esposos, a la hora de iniciar el diálogo, tengan la prudencia de ejercer la autocrítica.
Es algo básico. Hay que tener un gran cuidado -a la hora de las recriminaciones, críticas, preguntas embarazosas- para examinarse a sí mismo y verificar hasta qué punto puede uno mismo ser sujeto de censura. No es tan raro que uno proyecte sus fallas y limitaciones en el otro. Con una actitud de humildad y autocrítica, la conversación se desarrollará en un clima de lucidez, calma y comprensión.
2. Paciente. En un solo día no se conseguirá la comprensión del cónyuge. Como todo, la vida de dos juntos requiere un largo aprendizaje, una permanente educación.
Y toda educación descansa sobre la paciencia. Sabemos que consiste, antes que nada, en repetición incansable, en incesante recomenzar. Así ocurre entre marido y mujer. A veces, será necesario repetir durante toda una vida la misma observación, formular la misma petición.
No es que el otro tenga mala voluntad; sucede que simplemente se le olvida o no logra crear el hábito, que sólo nace con la repetición. Lo importante, pues, es saber repetir con una paciencia que, además, es atributo de la fortaleza. En el caso de la vida matrimonial, esta paciencia es aún más importante, ya que la mayor parte de las veces, están en juego solamente detalles. Pero estas pequeñeces sin importancia, al multiplicarse, se hacen irritantes. La impaciencia crece y amenaza con manifestarse en los momentos de charla. Y es eso lo que hay que evitar. La paciencia dará al diálogo un clima de calma, de serenidad, sin tensiones e irritación.
3. Simpático. Para que el diálogo conyugal sea un instrumento de aproximación, no debe llevarse a cabo en términos agresivos, sino por el contrario, de la forma más simpática. De otro modo, no podrán menos que defenderse y volver a atacar.
En el momento en que los dos se encuentran cara a cara para iniciar un análisis de la situación conyugal, importa mucho el sentirse amado. Los roces inevitables de la vida en común crean, al multiplicarse, una antipatía reprimida que, tarde o temprano, hará explosión. Si triunfa la antipatía por encima de la simpatía, el clima del diálogo se hace denso y llega a sofocar. Y entonces las personas se cierran en seguida, se recogen en sí mismas o se irritan. La conversación se hace entonces imposible, inútil. En tales condiciones se da un extraño diálogo de sordos en el que nadie quiere escuchar a nadie. Sólo la simpatía presente en cada momento, asegura un intercambio fructífero.
4. Cálido. Hay que insistir siempre en que el diálogo sea cálido, porque la frialdad es un peligro que amenaza a todos los cónyuges. Una vez que se han acumulado algunas incomprensiones consecutivas, la irritación contenida se traduce en un marcado enfriamiento de las relaciones de la pareja. No se es propiamente hostil al otro; se es simplemente indiferente a él, con una indiferencia helada. Evidentemente, esto es algo que aumenta la incomunicabilidad y cierra toda salida. No se llegará jamás al encuentro interior en tales condiciones.
5. Oportuno. Es un arte saber escoger lo que debe decirse y lo que debe callarse. El proverbio lo enseña: “No toda verdad es para ser dicha”. Existen algunas que es mejor callar, porque diciéndolas solo lograríamos herir; sin provecho alguno para un mejor entendimiento. Existen silencios que deben ser respetados, secretos que son inviolables. No todo ha de decirse ni tampoco puede preguntarse todo. Para poder escucharse, la pareja debe respetarse, una de las formas de respeto consiste en saber no preguntar o no insistir cuando no conviene; otra forma es no decir al cónyuge una verdad demasiado dolorosa. La discreción, en el sentido profundo de la palabra, es la clave de los diálogos conyugales. Es decir, deben discernir qué puede comunicarse y qué debe callarse, en todos los casos.
Esto se aplica también al momento escogido para manifestarse. La verdad no puede ser dicha en cualquier momento. No habría que hablar jamás cuando se está en determinados estados de espíritu. Por ejemplo, cuando se está dominado por la cólera, los celos, la tristeza profunda o una excepcional euforia.
No son las emociones las que deban animar al diálogo, sino exclusivamente la razón. Se juzgará, a nivel de la inteligencia, no de las pasiones, cuando es el momento oportuno para decir tal o cual verdad, o pedir determinada explicación. Escoger en forma acertada el momento del diálogo es asegurar su éxito.
6. Constante. Tenemos que imprimir un ritmo seguro al diálogo, una periodicidad regular, para evitar que aumenten las incomprensiones y se acumulen los problemas.
Aquí podríamos decir también algunas palabras sobre las interrupciones del diálogo. Pasa todavía bastante frecuentemente que después de una pelea o un enojo suspendemos ese diálogo que tendría que ser permanente, y hasta lo suspendemos por tiempo indefinido. Y después viene la pregunta: ¿quién de los dos inicia de nuevo el diálogo?
Mucho depende del temperamento: el colérico es demasiado orgulloso para iniciarlo él; el melancólico está demasiado hundido por lo que pasó; al flemático probablemente no le importa mucho; el más indicado sería entonces el sanguíneo que no aguanta la situación por mucho tiempo. Ahora, si a mí me preguntan, yo suelo decir: es evidente que el más maduro debe reiniciar el diálogo.
7. Renovado. La constancia en el diálogo exige, en compensación, un esfuerzo de renovación. Porque es necesario, a pesar de todo, tener algo que decirse para poder hablar. Por lo contrario, reinará la monotonía en nuestros diálogos.
Si la esposa sólo sabe hablar de la moda o del servicio doméstico, y por su lado, el marido sólo sabe hablar de negocios o de política, es evidente que la conversación será a la larga aburrida. La palabra está en función del pensamiento. Es urgente, por lo tanto, cultivarlo como un deber. Pero la cultura sería, en el sentido de abrir cada vez más su espíritu y su horizonte con el propósito de aprender a vivir mejor y de saber responder a las preguntas que todo ser inteligente se plantea. Muy actual entonces el tema de nuestras lecturas, de nuestras realizaciones artísticas, de nuestra cultura religiosa...
Fuente: http://www.lafamilia.info/index.php?destino=/Matrimonio/matrimonio.php
----------------------------------------------------------------------------------------------
Si os da resultado bueno será que nos lo comuniquéis para que sirva de experiencia y estímulo para los demás. Alguno seguro que ya lo tenéis en práctica hace tiempo. ¿Nos podéis contar como lo habéis conseguido y como os va?
La canción de los esposos:
www.youtube.com/watch
Las 7 reglas del diálogo conyugal
El verano es un buen tiempo para que los esposos dialoguen sin prisas. Es verdad que a veces en verano hay ruidos y desorden, pero hay tiempo “perdido” que se puede aprovechar para estrechar lazos, afianzar compromisos, revisar comportamientos, alimentar las ilusiones que nunca se deben perder, mirar los dos al infinito y volver a enamorarse... Que nunca quede al llegar septiembre la sensación de haber perdido el tiempo.
Pero, ¿cómo ha de ser el diálogo conyugal? El P. Nicolás Sckwizer propone estas siete reglas prácticas para que ahora ofrecemos, y que garantizan la renovación en el amor si se siguen de corazón. ¿por qué no hacer la prueba?
Para que el diálogo sea enriquecedor y fecundo, hay que cumplir determinados requisitos. Cada pareja, al poseer una identidad propia, tendrá que encontrar su manera peculiar. Existen, no obstante, determinadas reglas básicas. ¿Cuáles son estas reglas del diálogo conyugal? Se pueden resumir así: el diálogo conyugal, para que sea eficaz y creador, debe ser: humilde, paciente, simpático, cálido, oportuno, constante y renovado.
1. Humilde. La primera cualidad del diálogo es la humildad. No se debe avanzar hacia el otro hinchado por su propia perfección, seguro de lo definitivo de sus razones. No existe el cónyuge ideal, ni tampoco nadie es dueño de toda la verdad. Semejante actitud imposibilita el intercambio desde el origen.
El peligro de todo diálogo conyugal es que, frecuentemente, se vuelva una acusación: se tortura, se ataca, se acusa recíprocamente, y se sale de esta situación más apartado que nunca. Por eso conviene que los esposos, a la hora de iniciar el diálogo, tengan la prudencia de ejercer la autocrítica.
Es algo básico. Hay que tener un gran cuidado -a la hora de las recriminaciones, críticas, preguntas embarazosas- para examinarse a sí mismo y verificar hasta qué punto puede uno mismo ser sujeto de censura. No es tan raro que uno proyecte sus fallas y limitaciones en el otro. Con una actitud de humildad y autocrítica, la conversación se desarrollará en un clima de lucidez, calma y comprensión.
2. Paciente. En un solo día no se conseguirá la comprensión del cónyuge. Como todo, la vida de dos juntos requiere un largo aprendizaje, una permanente educación.
Y toda educación descansa sobre la paciencia. Sabemos que consiste, antes que nada, en repetición incansable, en incesante recomenzar. Así ocurre entre marido y mujer. A veces, será necesario repetir durante toda una vida la misma observación, formular la misma petición.
No es que el otro tenga mala voluntad; sucede que simplemente se le olvida o no logra crear el hábito, que sólo nace con la repetición. Lo importante, pues, es saber repetir con una paciencia que, además, es atributo de la fortaleza. En el caso de la vida matrimonial, esta paciencia es aún más importante, ya que la mayor parte de las veces, están en juego solamente detalles. Pero estas pequeñeces sin importancia, al multiplicarse, se hacen irritantes. La impaciencia crece y amenaza con manifestarse en los momentos de charla. Y es eso lo que hay que evitar. La paciencia dará al diálogo un clima de calma, de serenidad, sin tensiones e irritación.
3. Simpático. Para que el diálogo conyugal sea un instrumento de aproximación, no debe llevarse a cabo en términos agresivos, sino por el contrario, de la forma más simpática. De otro modo, no podrán menos que defenderse y volver a atacar.
En el momento en que los dos se encuentran cara a cara para iniciar un análisis de la situación conyugal, importa mucho el sentirse amado. Los roces inevitables de la vida en común crean, al multiplicarse, una antipatía reprimida que, tarde o temprano, hará explosión. Si triunfa la antipatía por encima de la simpatía, el clima del diálogo se hace denso y llega a sofocar. Y entonces las personas se cierran en seguida, se recogen en sí mismas o se irritan. La conversación se hace entonces imposible, inútil. En tales condiciones se da un extraño diálogo de sordos en el que nadie quiere escuchar a nadie. Sólo la simpatía presente en cada momento, asegura un intercambio fructífero.
4. Cálido. Hay que insistir siempre en que el diálogo sea cálido, porque la frialdad es un peligro que amenaza a todos los cónyuges. Una vez que se han acumulado algunas incomprensiones consecutivas, la irritación contenida se traduce en un marcado enfriamiento de las relaciones de la pareja. No se es propiamente hostil al otro; se es simplemente indiferente a él, con una indiferencia helada. Evidentemente, esto es algo que aumenta la incomunicabilidad y cierra toda salida. No se llegará jamás al encuentro interior en tales condiciones.
5. Oportuno. Es un arte saber escoger lo que debe decirse y lo que debe callarse. El proverbio lo enseña: “No toda verdad es para ser dicha”. Existen algunas que es mejor callar, porque diciéndolas solo lograríamos herir; sin provecho alguno para un mejor entendimiento. Existen silencios que deben ser respetados, secretos que son inviolables. No todo ha de decirse ni tampoco puede preguntarse todo. Para poder escucharse, la pareja debe respetarse, una de las formas de respeto consiste en saber no preguntar o no insistir cuando no conviene; otra forma es no decir al cónyuge una verdad demasiado dolorosa. La discreción, en el sentido profundo de la palabra, es la clave de los diálogos conyugales. Es decir, deben discernir qué puede comunicarse y qué debe callarse, en todos los casos.
Esto se aplica también al momento escogido para manifestarse. La verdad no puede ser dicha en cualquier momento. No habría que hablar jamás cuando se está en determinados estados de espíritu. Por ejemplo, cuando se está dominado por la cólera, los celos, la tristeza profunda o una excepcional euforia.
No son las emociones las que deban animar al diálogo, sino exclusivamente la razón. Se juzgará, a nivel de la inteligencia, no de las pasiones, cuando es el momento oportuno para decir tal o cual verdad, o pedir determinada explicación. Escoger en forma acertada el momento del diálogo es asegurar su éxito.
6. Constante. Tenemos que imprimir un ritmo seguro al diálogo, una periodicidad regular, para evitar que aumenten las incomprensiones y se acumulen los problemas.
Aquí podríamos decir también algunas palabras sobre las interrupciones del diálogo. Pasa todavía bastante frecuentemente que después de una pelea o un enojo suspendemos ese diálogo que tendría que ser permanente, y hasta lo suspendemos por tiempo indefinido. Y después viene la pregunta: ¿quién de los dos inicia de nuevo el diálogo?
Mucho depende del temperamento: el colérico es demasiado orgulloso para iniciarlo él; el melancólico está demasiado hundido por lo que pasó; al flemático probablemente no le importa mucho; el más indicado sería entonces el sanguíneo que no aguanta la situación por mucho tiempo. Ahora, si a mí me preguntan, yo suelo decir: es evidente que el más maduro debe reiniciar el diálogo.
7. Renovado. La constancia en el diálogo exige, en compensación, un esfuerzo de renovación. Porque es necesario, a pesar de todo, tener algo que decirse para poder hablar. Por lo contrario, reinará la monotonía en nuestros diálogos.
Si la esposa sólo sabe hablar de la moda o del servicio doméstico, y por su lado, el marido sólo sabe hablar de negocios o de política, es evidente que la conversación será a la larga aburrida. La palabra está en función del pensamiento. Es urgente, por lo tanto, cultivarlo como un deber. Pero la cultura sería, en el sentido de abrir cada vez más su espíritu y su horizonte con el propósito de aprender a vivir mejor y de saber responder a las preguntas que todo ser inteligente se plantea. Muy actual entonces el tema de nuestras lecturas, de nuestras realizaciones artísticas, de nuestra cultura religiosa...
Fuente: http://www.lafamilia.info/index.php?destino=/Matrimonio/matrimonio.php
----------------------------------------------------------------------------------------------
Si os da resultado bueno será que nos lo comuniquéis para que sirva de experiencia y estímulo para los demás. Alguno seguro que ya lo tenéis en práctica hace tiempo. ¿Nos podéis contar como lo habéis conseguido y como os va?
La canción de los esposos:
www.youtube.com/watch
miércoles, 13 de julio de 2011
UN VERANO PARA DIOS: UN VERANO PARA LOS NIÑOS
En verano de desata todo un torbellino de planes, de proyectos, de prisa por disfrutar, de organizaciones, de viajes… Es una fiebre contagiosa que nos puede ayudar o nos puede arrollar. El verano es una oportunidad de recuperar fuerzas, ilusiones, planes familiares, programas formativos, tiempo para el espíritu…
Pero en esa programación del verano no olvidemos a los niños. Ellos saben disfrutar de verdad el verano si le dejamos espacio y le ofrecemos atención y oportunidades. Los mayores debemos hacer sitio a los niños allí donde estemos nosotros y ellos. Un paisaje humano sin niños es como un cuadro sin color. Faltaría la alegría, el optimismo, la ilusión… El niño necesita ser recuperado de ese mundo deshumanizado que nos hemos fabricado, en el no cabe la inocencia y la sonrisa.
Benedicto XVI, hablando de los niños, dice:
Que se reste su dignidad, tanto los nacidos como los no nacidos. Muchos sufren y son explotados en el mundo. “Dios nos enseña a: amar a los pequeños, amar a los débiles, respetar a los niños… El niño de Belén dirige nuestra mirada hacia todos los niños que sufren y son explotados en el mundo, tanto los nacidos como los no nacidos. Hacia los niños que, como soldados, son introducidos en un mundo de violencia", a los que deben mendigar, sufren miseria y hambre, a los "carentes de todo amor".
Y sigue afirmando el Papa: La señal de Dios es "la sencillez", es "el niño", es que "Él se hace pequeño por nosotros, este es su modo de reinar. Él no viene con poder y grandiosidad externas", pues "no quiere abrumarnos con la fuerza, nos evita el temor de su grandeza".
El Papa señala que "Dios se ha hecho don por nosotros. Se ha dado a sí mismo", y exhortó a los fieles para que dejen que "eso haga mella" en sus corazones, almas y mentes.
Debemos cuidar el ambiente en el que los niños van disfrutar estos días de verano. Los niños todo lo oyen y todo lo ven. No podrán discurrir mucho sobre lo que les llega, pero su mente y su espíritu se van cincelando con la vida que discurre junto a ellos. Ellos son parte de esa vida, y sufren o se alegran con lo que captan por sus sentidos. Un verano para Dios es igualmente un verano para los niños, porque el Señor dijo: “Dejad que los niños se acerquen a mí, no se lo impidáis. De los que se hacen como ellos es el Reino de los cielos”. Que este verano nos hagamos todos un poco niño y disfrutemos de la vida con un corazón limpio.
Pero en esa programación del verano no olvidemos a los niños. Ellos saben disfrutar de verdad el verano si le dejamos espacio y le ofrecemos atención y oportunidades. Los mayores debemos hacer sitio a los niños allí donde estemos nosotros y ellos. Un paisaje humano sin niños es como un cuadro sin color. Faltaría la alegría, el optimismo, la ilusión… El niño necesita ser recuperado de ese mundo deshumanizado que nos hemos fabricado, en el no cabe la inocencia y la sonrisa.
Benedicto XVI, hablando de los niños, dice:
Que se reste su dignidad, tanto los nacidos como los no nacidos. Muchos sufren y son explotados en el mundo. “Dios nos enseña a: amar a los pequeños, amar a los débiles, respetar a los niños… El niño de Belén dirige nuestra mirada hacia todos los niños que sufren y son explotados en el mundo, tanto los nacidos como los no nacidos. Hacia los niños que, como soldados, son introducidos en un mundo de violencia", a los que deben mendigar, sufren miseria y hambre, a los "carentes de todo amor".
Y sigue afirmando el Papa: La señal de Dios es "la sencillez", es "el niño", es que "Él se hace pequeño por nosotros, este es su modo de reinar. Él no viene con poder y grandiosidad externas", pues "no quiere abrumarnos con la fuerza, nos evita el temor de su grandeza".
El Papa señala que "Dios se ha hecho don por nosotros. Se ha dado a sí mismo", y exhortó a los fieles para que dejen que "eso haga mella" en sus corazones, almas y mentes.
Debemos cuidar el ambiente en el que los niños van disfrutar estos días de verano. Los niños todo lo oyen y todo lo ven. No podrán discurrir mucho sobre lo que les llega, pero su mente y su espíritu se van cincelando con la vida que discurre junto a ellos. Ellos son parte de esa vida, y sufren o se alegran con lo que captan por sus sentidos. Un verano para Dios es igualmente un verano para los niños, porque el Señor dijo: “Dejad que los niños se acerquen a mí, no se lo impidáis. De los que se hacen como ellos es el Reino de los cielos”. Que este verano nos hagamos todos un poco niño y disfrutemos de la vida con un corazón limpio.
domingo, 10 de julio de 2011
VOLVEMOS DE MEDJUGORJE
En mi post anterior deje que me marchaba a Medjugorje, y que contaría como ido todo por allí. También dije a mis lectores que rezaría por ello. Y lo he cumplido. Y debo decir que la nueva experiencia ha sido muy positiva.
Hace ya nueve años que visito aquel lugar mariano de la antigua Yugoslavia, en Bosnia-Herzegovina. Hace treinta años que el día 24 de Junio, fiesta de San Juan Bautista, allí ocurrió algo sobrenatural. Un grupo de seis niños y niñas normales de aquel pueblecito escondido entre montañas, dijeron que se les había aparecido la Virgen en un montículo cerca de sus casas. Nadie los creía, pero la Virgen los citaba para el día siguiente. Los niños, entre expectantes y temerosos, acudieron a la cita. Y la Virgen María los fue instruyendo en el amor a Dios y en la necesidad de orar por la Iglesia y el mundo. Aquel fenómeno trascendió, y la gente acudía en masa al monte de las apariciones. Todo ello suponía un peligro serio debido a que el régimen político de Yugoslavia era comunista y ateo militante. Empezó para los niños un verdadero calvario por la intervención de la policía y del ejército. Pero ellos seguían diciendo con toda firmeza que la Virgen se les aparecía cada día.
(La fecha correcta de la foto es el 7 de Julio de 2011)
El párroco, P. Jozo, estaba muy preocupado. El pueblo y la Parroquia corrían serio peligro. El no sabía si los niños decían o no la verdad, pero los defendía. Pidió una señal a la Virgen para saber a qué atenerse. Y un día, estando rezando con la gente el Rosario en la iglesia parroquial, la Virgen se apareció en el presbiterio. Desde entonces el P. Jozo se convirtió en el mayor defensor de la verdad de los niños y de los mensajes que la Virgen les estaba transmitiendo. Esto le costó dieciocho meses de cárcel.
A los niños los sometieron a toda clase de pruebas psicológicas y médicas. Los niños estaban sanos y nada hacía sospechar que sus afirmaciones eran cuentos y fábulas infantiles. La Virgen María acompañó todo su proceso de educación en la fe visida desde el corazón, con signos físicos y espirituales que nadie se explica. Un sacerdote español que regenta una parroquia cerca de Roma fue a Medjugorje y compró una imagen de la Virgen. La pudo en una hornacina en el atrio de la Iglesia protegida con un cristal, y a los pocos días aquella imagen comenzó a llorar lágrimas de sangre. Intervino el Obispo que la hizo encerrar en una caja fuerte. A los tres días abrió la caja en presencia de sus colaboradores y la imagen seguía llorando sangre. El fenómeno trascendió llegando hasta el Vaticano. Y así muchos casos inexplicables, como curaciones de enfermos incurables, fenómenos naturales inexplicables y, sobre todo, miles de conversiones de gente de todo el mundo. De esto soy testigo yo.
(La fecha exacta de la foto es el 8 de Julio de 20119
La Iglesia es muy prudente y no se define sobre el particular. El Papa Juan Pablo II dijo el Medjugorje era el confesionario del mundo, y que si él no fuera Papa iría allí a confesar. Benedicto XVI anima a que vayan los fieles acompañados de sacerdotes. Y ha nombrado una importante Comisión de teólogos, juristas y expertos en estos temas para que estudien el caso y, en su día, den su autorizada opinión. Todo hace pensar que hasta que no cesen las apariciones y los mensajes por que lo decida la Virgen o porque mueran los videntes, la Iglesia no emitirá su juicio sobre el caso. Hay que tener en cuenta que la Iglesia no canoniza a nadie mientras viva, sino una vez muerto y comprobado que nada dijo ni hizo contra la fe cristiana.
En estos días he participado en el Retiro mundial de sacerdotes sobre el tema “El sacerdote y el Sacramento de la Confesión”. Lo dirigió un profesor de la Universidad católica del Zagreb. Muy positivo. Estábamos cuatrocientos sacerdotes. El grupo de cuarenta laicos que me acompañaban tuvieron su programa especial. Y sobre todo destacaría alas horas de oración, de adoración, de celebración eucarística y de convivencia que hizo posible que todos descubrieran la importancia de vivir el amor a Dios y al prójimo con todo el corazón.
Yo no me defino sobre la autenticidad de lo que allí ocurre. Someto mi juicio al dictamen de la Jerarquía, pero todo hace pensar que allí la Virgen está llevando un “plan pastoral” muy serio para millones de personas, y con frutos abundantes. ¿Qué es lo que la Virgen sugiere para nuestra vida espiritual? Cinco cosas muy sencillas: oración, confesión, eucaristía, lectura de la Palabra de Dios, y ayuno. Todo muy normal, pero hay que hacerlo con corazón y constancia. Que Ella nos siga ayudando, que falta nos hace.
Estoy seguro que la Virgen se está manifestando en otras partes del mundo, entre ellas España. Hay que aprovechar lo que nos ofrece para nuestro bien, y que cada uno ponga los medios para enriquecerse espiritualmente y hacer el bien a todos.
Juan García Inza
Hace ya nueve años que visito aquel lugar mariano de la antigua Yugoslavia, en Bosnia-Herzegovina. Hace treinta años que el día 24 de Junio, fiesta de San Juan Bautista, allí ocurrió algo sobrenatural. Un grupo de seis niños y niñas normales de aquel pueblecito escondido entre montañas, dijeron que se les había aparecido la Virgen en un montículo cerca de sus casas. Nadie los creía, pero la Virgen los citaba para el día siguiente. Los niños, entre expectantes y temerosos, acudieron a la cita. Y la Virgen María los fue instruyendo en el amor a Dios y en la necesidad de orar por la Iglesia y el mundo. Aquel fenómeno trascendió, y la gente acudía en masa al monte de las apariciones. Todo ello suponía un peligro serio debido a que el régimen político de Yugoslavia era comunista y ateo militante. Empezó para los niños un verdadero calvario por la intervención de la policía y del ejército. Pero ellos seguían diciendo con toda firmeza que la Virgen se les aparecía cada día.
(La fecha correcta de la foto es el 7 de Julio de 2011)
El párroco, P. Jozo, estaba muy preocupado. El pueblo y la Parroquia corrían serio peligro. El no sabía si los niños decían o no la verdad, pero los defendía. Pidió una señal a la Virgen para saber a qué atenerse. Y un día, estando rezando con la gente el Rosario en la iglesia parroquial, la Virgen se apareció en el presbiterio. Desde entonces el P. Jozo se convirtió en el mayor defensor de la verdad de los niños y de los mensajes que la Virgen les estaba transmitiendo. Esto le costó dieciocho meses de cárcel.
A los niños los sometieron a toda clase de pruebas psicológicas y médicas. Los niños estaban sanos y nada hacía sospechar que sus afirmaciones eran cuentos y fábulas infantiles. La Virgen María acompañó todo su proceso de educación en la fe visida desde el corazón, con signos físicos y espirituales que nadie se explica. Un sacerdote español que regenta una parroquia cerca de Roma fue a Medjugorje y compró una imagen de la Virgen. La pudo en una hornacina en el atrio de la Iglesia protegida con un cristal, y a los pocos días aquella imagen comenzó a llorar lágrimas de sangre. Intervino el Obispo que la hizo encerrar en una caja fuerte. A los tres días abrió la caja en presencia de sus colaboradores y la imagen seguía llorando sangre. El fenómeno trascendió llegando hasta el Vaticano. Y así muchos casos inexplicables, como curaciones de enfermos incurables, fenómenos naturales inexplicables y, sobre todo, miles de conversiones de gente de todo el mundo. De esto soy testigo yo.
(La fecha exacta de la foto es el 8 de Julio de 20119
La Iglesia es muy prudente y no se define sobre el particular. El Papa Juan Pablo II dijo el Medjugorje era el confesionario del mundo, y que si él no fuera Papa iría allí a confesar. Benedicto XVI anima a que vayan los fieles acompañados de sacerdotes. Y ha nombrado una importante Comisión de teólogos, juristas y expertos en estos temas para que estudien el caso y, en su día, den su autorizada opinión. Todo hace pensar que hasta que no cesen las apariciones y los mensajes por que lo decida la Virgen o porque mueran los videntes, la Iglesia no emitirá su juicio sobre el caso. Hay que tener en cuenta que la Iglesia no canoniza a nadie mientras viva, sino una vez muerto y comprobado que nada dijo ni hizo contra la fe cristiana.
En estos días he participado en el Retiro mundial de sacerdotes sobre el tema “El sacerdote y el Sacramento de la Confesión”. Lo dirigió un profesor de la Universidad católica del Zagreb. Muy positivo. Estábamos cuatrocientos sacerdotes. El grupo de cuarenta laicos que me acompañaban tuvieron su programa especial. Y sobre todo destacaría alas horas de oración, de adoración, de celebración eucarística y de convivencia que hizo posible que todos descubrieran la importancia de vivir el amor a Dios y al prójimo con todo el corazón.
Yo no me defino sobre la autenticidad de lo que allí ocurre. Someto mi juicio al dictamen de la Jerarquía, pero todo hace pensar que allí la Virgen está llevando un “plan pastoral” muy serio para millones de personas, y con frutos abundantes. ¿Qué es lo que la Virgen sugiere para nuestra vida espiritual? Cinco cosas muy sencillas: oración, confesión, eucaristía, lectura de la Palabra de Dios, y ayuno. Todo muy normal, pero hay que hacerlo con corazón y constancia. Que Ella nos siga ayudando, que falta nos hace.
Estoy seguro que la Virgen se está manifestando en otras partes del mundo, entre ellas España. Hay que aprovechar lo que nos ofrece para nuestro bien, y que cada uno ponga los medios para enriquecerse espiritualmente y hacer el bien a todos.
Juan García Inza
domingo, 3 de julio de 2011
¿Paras cuando la Beatificación de Sor María Jesús de Agreda?
Actualizado 3 julio 2011
¿Qué ocurre con Sor María Jesús de Agreda?
¿Para cuándo la beatificación de Sor María Jesús de Ágreda?
La historia de esta monja del siglo XVII es apasionante. Su vida es comparable a la de Santa Teresa de Jesús. El Párroco de Agreda, al que tengo el gusto de conocer y compartir la amistad, me habló con entusiasmo de esa hija del pueblo, grande por sus virtudes y sus dotes intelectuales, que todavía no ha tenido la oportunidad de que su proceso de Canonización, ya incoado, siga adelante. Muchos la desconocen, por eso he decidido aportar en el Blog los apuntes que de su vida nos ofrece al P. Martínez Puche en su obra “Nuevo Año Cristiano” en la fecha del 5 de mayo
VENERABLE MARÍA DE JESÚS DE ÁGREDA
Abadesa, franciscana concepcionista
Nació en Ágreda (Soria, España), el 2 de abril de 1602, y murió así mismo en Ágreda el 24 de mayo de 1665.
María Coronel y Arana -éste era su nombre original- nació en la histórica ciudad soriana de Ágreda, en el seno de una familia de rancio abolengo político y no menos cristiano. Sus padres, Francisco y Catalina, eran profundamente cristianos, de honda religiosidad franciscana. Tuvieron dos hijos y dos hijas. Y los seis miembros de la familia abandonaron el mundo y sus comodidades y abrazaron la vida religiosa en la familia franciscana.
Francisco, el padre, con sus dos hijos, Francisco y José, profesaron en el convento de San Antonio de Nalda (La Rioja), en la provincia franciscana de Burgos. La madre, Catalina, con sus dos hijas -María tenía sólo dieciséis años- abrazaron la vida monástica en el monasterio que construyeron en su propia casa-palacio, bajo la regla de la Orden de Concepcionistas Franciscanas, en 1620. Este gesto de las mujeres de la familia Coronel y Arana evoca el origen de la misma orden: Santa Beatriz de Silva, cuando abandonó el monasterio de Santo Domingo de Toledo, donde hacía vida retirada con las dominicas, en 1484, y fundó el primer monasterio concepcionista en los palacios de Galiana, que le había cedido la reina Isabel la Católica.
A los seis años de iniciar la vida monástica, María Coronel y Arana -sor María de Jesús de Ágreda- fue elegida abadesa. Excepto el trienio 1652-1655, desde 1627 hasta su muerte, María de Jesús fue la abadesa del monasterio, lo que indica que el Señor le concedió dotes de gobierno. Simultaneaba la dirección de la comunidad con la redacción de libros, que tanta importancia, y tantos problemas, darían a la abadesa de Ágreda.
La fama de la docta abadesa sor María de Jesús llegó al rey de España, Felipe IV (1606-1665), un monarca mecenas de grandes artistas, pero de escasa voluntad y débil temperamento, que dejó las máximas responsabilidades del gobierno en manos del ambicioso Gaspar de Guzmán, conde-duque de Olivares. En uno de sus momentos de incertidumbre y abatimiento no sólo político, sino también religioso, el rey acudió al monasterio de Ágreda, el 10 de julio de 1627, a solicitar los consejos de sor María de Jesús. Y, a partir de entonces, hubo una interesante correspondencia epistolar, que en 1885-1886 se publicaría en Madrid, con el título de Cartas de la Venerable Madre Sor María de Jesús de Ágreda y del Señor Rey Don Felipe IV (2 volúmenes).
El temario de las cartas abarca todo el espectro político al que había de hacer frente el rey, ya con la ayuda de quien lo tuvo dominado hasta caer en desgracia en 1643 (Gaspar de Guzmán), ya con la del sucesor del conde-duque, Luis de Haro. Al pobre monarca, que había iniciado su reinado a los dieciséis años, no le faltaron problemas de toda índole: desde su propia debilidad moral hasta su falta de dotes de gobierno, que -con el aislado triunfo en la rendición de Breda que inmortalizara Velázquez en su famoso cuadro de las lanzas- fueron sumándole desastre tras desastre y pérdidas progresivas de territorios, en la península y en Europa. Los consejos de sor María de Jesús, que desde su celda seguía los avatares de su época, no fueron suficientes para orientar ni la vida ni los matrimonios del rey, que cayó en una gran impopularidad, ni sus funciones de gobierno, que terminaron en el más lamentable fracaso histórico.
No tuvo mayor fortuna sor María de Jesús con sus obras, algunas de ellas inéditas (Meditaciones sobre la pasión de Nuestro Señor y ejercicios quotidianos y doctrina para hacer las obras con mayor perfección, Las Sabatinas, Pláticas del cumplimiento de la voluntad de Dios...), y la más famosa, póstuma y condenada: Mística Ciudad de Dios, milagro de su omnipotencia y abismo de la gracia. Historia divina y vida de la Virgen Madre de Dios, editada en Madrid en 1670, en cuatro volúmenes. Esta obra, traducida a los principales idiomas modernos, e incluso al griego, al árabe, al croata y otros, hizo que la abadesa de Ágreda fuera pronto conocida fuera de España. Pero el carácter sobrenatural que daba a su escrito hizo que los guardianes de la ortodoxia se pusieran en guardia y analizaran con lupa sus afirmaciones. Primero, la Inquisición Española (1672), luego la condenación por parte del Santo Oficio (1681) y hasta de la Universidad de París (1696), para terminar incluida en el índice de libros prohibidos en 1713.
Pero afortunadamente de todo este calvario la libró el Señor. Sor María de Jesús moría santamente en su monasterio de Ágreda el 24 de mayo de 1665.
¿Qué ocurre con Sor María Jesús de Agreda?
¿Para cuándo la beatificación de Sor María Jesús de Ágreda?
La historia de esta monja del siglo XVII es apasionante. Su vida es comparable a la de Santa Teresa de Jesús. El Párroco de Agreda, al que tengo el gusto de conocer y compartir la amistad, me habló con entusiasmo de esa hija del pueblo, grande por sus virtudes y sus dotes intelectuales, que todavía no ha tenido la oportunidad de que su proceso de Canonización, ya incoado, siga adelante. Muchos la desconocen, por eso he decidido aportar en el Blog los apuntes que de su vida nos ofrece al P. Martínez Puche en su obra “Nuevo Año Cristiano” en la fecha del 5 de mayo
VENERABLE MARÍA DE JESÚS DE ÁGREDA
Abadesa, franciscana concepcionista
Nació en Ágreda (Soria, España), el 2 de abril de 1602, y murió así mismo en Ágreda el 24 de mayo de 1665.
María Coronel y Arana -éste era su nombre original- nació en la histórica ciudad soriana de Ágreda, en el seno de una familia de rancio abolengo político y no menos cristiano. Sus padres, Francisco y Catalina, eran profundamente cristianos, de honda religiosidad franciscana. Tuvieron dos hijos y dos hijas. Y los seis miembros de la familia abandonaron el mundo y sus comodidades y abrazaron la vida religiosa en la familia franciscana.
Francisco, el padre, con sus dos hijos, Francisco y José, profesaron en el convento de San Antonio de Nalda (La Rioja), en la provincia franciscana de Burgos. La madre, Catalina, con sus dos hijas -María tenía sólo dieciséis años- abrazaron la vida monástica en el monasterio que construyeron en su propia casa-palacio, bajo la regla de la Orden de Concepcionistas Franciscanas, en 1620. Este gesto de las mujeres de la familia Coronel y Arana evoca el origen de la misma orden: Santa Beatriz de Silva, cuando abandonó el monasterio de Santo Domingo de Toledo, donde hacía vida retirada con las dominicas, en 1484, y fundó el primer monasterio concepcionista en los palacios de Galiana, que le había cedido la reina Isabel la Católica.
A los seis años de iniciar la vida monástica, María Coronel y Arana -sor María de Jesús de Ágreda- fue elegida abadesa. Excepto el trienio 1652-1655, desde 1627 hasta su muerte, María de Jesús fue la abadesa del monasterio, lo que indica que el Señor le concedió dotes de gobierno. Simultaneaba la dirección de la comunidad con la redacción de libros, que tanta importancia, y tantos problemas, darían a la abadesa de Ágreda.
La fama de la docta abadesa sor María de Jesús llegó al rey de España, Felipe IV (1606-1665), un monarca mecenas de grandes artistas, pero de escasa voluntad y débil temperamento, que dejó las máximas responsabilidades del gobierno en manos del ambicioso Gaspar de Guzmán, conde-duque de Olivares. En uno de sus momentos de incertidumbre y abatimiento no sólo político, sino también religioso, el rey acudió al monasterio de Ágreda, el 10 de julio de 1627, a solicitar los consejos de sor María de Jesús. Y, a partir de entonces, hubo una interesante correspondencia epistolar, que en 1885-1886 se publicaría en Madrid, con el título de Cartas de la Venerable Madre Sor María de Jesús de Ágreda y del Señor Rey Don Felipe IV (2 volúmenes).
El temario de las cartas abarca todo el espectro político al que había de hacer frente el rey, ya con la ayuda de quien lo tuvo dominado hasta caer en desgracia en 1643 (Gaspar de Guzmán), ya con la del sucesor del conde-duque, Luis de Haro. Al pobre monarca, que había iniciado su reinado a los dieciséis años, no le faltaron problemas de toda índole: desde su propia debilidad moral hasta su falta de dotes de gobierno, que -con el aislado triunfo en la rendición de Breda que inmortalizara Velázquez en su famoso cuadro de las lanzas- fueron sumándole desastre tras desastre y pérdidas progresivas de territorios, en la península y en Europa. Los consejos de sor María de Jesús, que desde su celda seguía los avatares de su época, no fueron suficientes para orientar ni la vida ni los matrimonios del rey, que cayó en una gran impopularidad, ni sus funciones de gobierno, que terminaron en el más lamentable fracaso histórico.
No tuvo mayor fortuna sor María de Jesús con sus obras, algunas de ellas inéditas (Meditaciones sobre la pasión de Nuestro Señor y ejercicios quotidianos y doctrina para hacer las obras con mayor perfección, Las Sabatinas, Pláticas del cumplimiento de la voluntad de Dios...), y la más famosa, póstuma y condenada: Mística Ciudad de Dios, milagro de su omnipotencia y abismo de la gracia. Historia divina y vida de la Virgen Madre de Dios, editada en Madrid en 1670, en cuatro volúmenes. Esta obra, traducida a los principales idiomas modernos, e incluso al griego, al árabe, al croata y otros, hizo que la abadesa de Ágreda fuera pronto conocida fuera de España. Pero el carácter sobrenatural que daba a su escrito hizo que los guardianes de la ortodoxia se pusieran en guardia y analizaran con lupa sus afirmaciones. Primero, la Inquisición Española (1672), luego la condenación por parte del Santo Oficio (1681) y hasta de la Universidad de París (1696), para terminar incluida en el índice de libros prohibidos en 1713.
Pero afortunadamente de todo este calvario la libró el Señor. Sor María de Jesús moría santamente en su monasterio de Ágreda el 24 de mayo de 1665.
sábado, 2 de julio de 2011
HOJA PARROQUIAL
Solemnidad de San Pedro y San Pablo
Lecturas:
Hechos 12, 1-11; 2 Timoteo 4, 6-8.17.18;
Mateo 16, 13-19
EVANGELIO
En aquel tiempo llegó Jesús a la región de Cesarea de Filipo y preguntaba a sus discípulos: -¿Quién dice la gente que es el Hijo del Hombre?
Ellos contestaron: -Unos que Juan Bautista, otros que Elías, otros que Jeremías o uno de los profetas.
Él les preguntó: -Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?
Simón Pedro tomó la palabra y dijo: -Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo.
Jesús le respondió: -Dichoso tú, Simón, hijo de Jonás, porque eso no te lo ha revelado nadie de carne y hueso, sino mi Padre que está en el cielo. Ahora te digo yo: Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y el poder del infierno no la derrotará.
Te daré las llaves del Reino de los cielos; lo que ates en la tierra quedará atado en el cielo, y lo que desates en la tierra quedará desatado en el cielo.
.
COMENTARIO
Celebramos hoy la fiesta de San Pedro y San Pablo, dos personas ordinarias transformadas en personas extraordinarias por la gracia de Dios. Pedro y Pablo forjaron los principios básicos por los que aún vivimos hoy los católicos. Pedro, el apóstol de los judíos, y Pablo, el apóstol de los gentiles, son el cimiento y el principio de la Iglesia.
Como honramos y celebramos a nuestros héroes civiles: presidentes, generales, poetas, estrellas del cine y del deporte…nosotros celebramos también esos hombres y mujeres que fueron fieles a Jesucristo y trabajaron incansablemente por darlo a conocer por todo el mundo. Pedro y Pablo son el número uno en esa larga lista de hombres y mujeres que vivieron en la amistad del Señor. Predicar sobre Pedro y Pablo es predicar sobre la iglesia. La Iglesia es como un gigantesco iceberg viajando por el mar. Lo que vemos, la punta del iceberg, no es nada comparado con lo que las aguas guardan y esconden.
Lo que vemos cada día con nuestros ojos es la institución externa: obispos, sacerdotes, feligreses, templos, titulares en los periódicos, ustedes y yo haciendo el trabajo de Cristo, pero venimos aquí para ver con los ojos de la fe el misterio interior de la presencia escondida de Cristo, para edificar nuestras vidas sobre el único y verdadero cimiento que es Cristo. Para mucha gente la Iglesia es lo que leen en la prensa. Y ésta ha saciado su hambre de escándalos y excesos con total profusión. Lo que siempre devuelve a la iglesia la estabilidad y la renovación es la vuelta a lo básico: la vuelta a Pedro y Pablo, lo que ellos aprendieron de Jesucristo y nos entregaron.
La pregunta más importante que Pedro tuvo que contestar a lo largo de su vida fue la pregunta eterna: ¿Quién dice la gente que soy yo?
"Tú eres el Cristo, el Hijo de Dios Vivo".
EL OSO Y LOS DOS VIAJEROS
Dos hombres viajaban juntos, cuando de repente les salió un oso. Uno de ellos se subió a un árbol y se escondió entre sus ramas. El otro, al ver el peligro, cayó a tierra y cuando el oso llegó hasta él empezó a olfatearlo de arriba abajo mientras contenía el aliento y se hacía el muerto. El oso se alejó. Dicen que nunca ataca a un cuerpo muerto.
Cuando el oso desapareció su compañero bajó del árbol y jocosamente le preguntó qué le había susurrado el oso al oído.
“Me dio este consejo, le dijo a su compañero, no viajes nunca con un amigo que te abandona cuando se acerca el peligro”.
AVISOS
- Recordamos que a partir de este domingo se suprime la Misa de 11,30 de la mañana hasta el 4 de septiembre.
- Esta semana próxima, de lunes a viernes no habrá Misa en la parroquia por estar de peregrinación con un grupo de personas. El sábado Misa normal a las 20 h.
- Recordamos que la página W. de la Parroquia está en esta dirección: www.divinamisriEEcordiamurcia.blogspot.com
Lecturas:
Hechos 12, 1-11; 2 Timoteo 4, 6-8.17.18;
Mateo 16, 13-19
EVANGELIO
En aquel tiempo llegó Jesús a la región de Cesarea de Filipo y preguntaba a sus discípulos: -¿Quién dice la gente que es el Hijo del Hombre?
Ellos contestaron: -Unos que Juan Bautista, otros que Elías, otros que Jeremías o uno de los profetas.
Él les preguntó: -Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?
Simón Pedro tomó la palabra y dijo: -Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo.
Jesús le respondió: -Dichoso tú, Simón, hijo de Jonás, porque eso no te lo ha revelado nadie de carne y hueso, sino mi Padre que está en el cielo. Ahora te digo yo: Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y el poder del infierno no la derrotará.
Te daré las llaves del Reino de los cielos; lo que ates en la tierra quedará atado en el cielo, y lo que desates en la tierra quedará desatado en el cielo.
.
COMENTARIO
Celebramos hoy la fiesta de San Pedro y San Pablo, dos personas ordinarias transformadas en personas extraordinarias por la gracia de Dios. Pedro y Pablo forjaron los principios básicos por los que aún vivimos hoy los católicos. Pedro, el apóstol de los judíos, y Pablo, el apóstol de los gentiles, son el cimiento y el principio de la Iglesia.
Como honramos y celebramos a nuestros héroes civiles: presidentes, generales, poetas, estrellas del cine y del deporte…nosotros celebramos también esos hombres y mujeres que fueron fieles a Jesucristo y trabajaron incansablemente por darlo a conocer por todo el mundo. Pedro y Pablo son el número uno en esa larga lista de hombres y mujeres que vivieron en la amistad del Señor. Predicar sobre Pedro y Pablo es predicar sobre la iglesia. La Iglesia es como un gigantesco iceberg viajando por el mar. Lo que vemos, la punta del iceberg, no es nada comparado con lo que las aguas guardan y esconden.
Lo que vemos cada día con nuestros ojos es la institución externa: obispos, sacerdotes, feligreses, templos, titulares en los periódicos, ustedes y yo haciendo el trabajo de Cristo, pero venimos aquí para ver con los ojos de la fe el misterio interior de la presencia escondida de Cristo, para edificar nuestras vidas sobre el único y verdadero cimiento que es Cristo. Para mucha gente la Iglesia es lo que leen en la prensa. Y ésta ha saciado su hambre de escándalos y excesos con total profusión. Lo que siempre devuelve a la iglesia la estabilidad y la renovación es la vuelta a lo básico: la vuelta a Pedro y Pablo, lo que ellos aprendieron de Jesucristo y nos entregaron.
La pregunta más importante que Pedro tuvo que contestar a lo largo de su vida fue la pregunta eterna: ¿Quién dice la gente que soy yo?
"Tú eres el Cristo, el Hijo de Dios Vivo".
EL OSO Y LOS DOS VIAJEROS
Dos hombres viajaban juntos, cuando de repente les salió un oso. Uno de ellos se subió a un árbol y se escondió entre sus ramas. El otro, al ver el peligro, cayó a tierra y cuando el oso llegó hasta él empezó a olfatearlo de arriba abajo mientras contenía el aliento y se hacía el muerto. El oso se alejó. Dicen que nunca ataca a un cuerpo muerto.
Cuando el oso desapareció su compañero bajó del árbol y jocosamente le preguntó qué le había susurrado el oso al oído.
“Me dio este consejo, le dijo a su compañero, no viajes nunca con un amigo que te abandona cuando se acerca el peligro”.
AVISOS
- Recordamos que a partir de este domingo se suprime la Misa de 11,30 de la mañana hasta el 4 de septiembre.
- Esta semana próxima, de lunes a viernes no habrá Misa en la parroquia por estar de peregrinación con un grupo de personas. El sábado Misa normal a las 20 h.
- Recordamos que la página W. de la Parroquia está en esta dirección: www.divinamisriEEcordiamurcia.blogspot.com
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