Homilia para el tercer domingo de cuaresma
de Parroquia Nuestra Señora de la Candelaria, el Domingo, 20 de marzo de 2011 a las 17:01
Jesús nos da el agua viva
Apuntes de +Carmelo Juan Giaquinta, arzobispo emérito de Resistencia, para la homilía del domingo 3° de Cuaresma, Jn 4,5-42), (27-3-2011).
I. “Si conocieras el don de Dios…”
1. Jesús, cansado del camino, se sienta junto al pozo de Jacob. Los discípulos van al pueblo a comprar de comer. Una mujer llega al pozo a buscar agua. Jesús le pide “dame de beber”. Ésta se sorprende de que un judío le pida tal favor a ella que es samaritana. Se entabla así un diálogo sorprendente: “Si conocieras el don de Dios y quién es el que te dice ‘Dame de beber’, tú misma se lo hubieras pedido, y él te habría dado agua viva” (Jn 4,5-10).
2. Bajo su ropaje cotidiano, todo ser humano es un buscador de la felicidad. No hay hombre que no la busque. Estamos hechos para ella. Pero ¿dónde encontrarla? Cuántas veces la samaritana habrá ido al pozo por agua. Y siempre volvía a tener sed. Por eso Jesús pone de manifiesto la insatisfacción que provoca todo goce terreno, y revela la existencia de un agua viva y desbordante, capaz de saciar la sed para siempre: “El que beba de ésta agua tendrá nuevamente sed, pero el que beba del agua que yo le daré, nunca más volverá a tener sed. El agua que yo le daré se convertirá en él en manantial que brotará hasta la vida eterna” (Jn 4,13-14).
II. Un camino progresivo hacia la fe en Jesús Salvador
3. Ante el relato del encuentro de la samaritana con Jesús (cf Jn 4,4-42), se imponen dos consideraciones. Jesús es quien toma la iniciativa. Él se anticipa a la mujer. Él comienza el diálogo y lo conduce. La mujer pone su parte: tiene sed, toma el cántaro, va al pozo donde está Jesús. Pero está cerrada a todo diálogo. Sin embargo, está abierta a la felicidad. Apenas Jesús rompe la frialdad del encuentro y sugiere que existe otra agua, la mujer se interesa: “Señor, dame de esa agua para que no tenga más sed y, no necesite venir hasta aquí a sacarla” (v. 15). Gracias al diálogo con Jesús, la mujer va cambiando progresivamente. Primero, lo llama “judío” (v. 8). Luego, “señor” (v.15). Después, “profeta” (v. 19). Finalmente, “mesías” (v. 25.29). Y mediante el anuncio que ella hace a sus compaisanos y del encuentro con Jesús, estos profesan: “es verdaderamente el Salvador del mundo” (v.42).
III. El don del Espíritu Santo
4. El don de Dios, que dispensa Jesús, es inefable. El Nuevo Testamento lo expresa de múltiples maneras, entre las que se destaca “el don del Espíritu Santo”. Así, sobre todo, en San Lucas. En este Evangelio, Jesús nos enseña a pedir el don del Espíritu Santo (Lc 11,13). En el libro de los Hechos de los Apóstoles, se constata que Dios da su Espíritu a todos los hombres que aceptan el Evangelio. A los discípulos sorprendidos de que Pedro hubiese bautizado a paganos, él les responde con el hecho irrefutable de la efusión sobre ellos del don del Espíritu Santo: “Si Dios les dio a ellos la misma gracia que a nosotros, por haber creído en el Señor Jesucristo, ¿cómo podía yo oponerme a Dios?». Después de escuchar estas palabras se tranquilizaron y alabaron a Dios, diciendo: «También a los paganos ha concedido Dios el don de la conversión que conduce a la Vida» (Hch 11,17-18; cf 2,38; 8,20; 10,45).
IV. ¿Pastoral maximalista? ¿minimalista?
5. El encuentro de Jesús con la samaritana, que desemboca en la profesión de fe de los samaritanos, nos orienta desde ya hacia la meta de la Cuaresma: la renovación de las promesas bautismales en la Vigilia Pascual. Esto impone una reflexión a dos niveles: personal y comunitario.
A nivel personal: nos referiremos al mismo en los próximos dos domingos, cuando hagamos nuestro el acto de fe del ciego de nacimiento y de Marta, la hermana de Lázaro. Hoy prefiero plantear un cuestionamiento a nivel comunitario, y, en particular, sobre el estilo pastoral en la Argentina.
6. En los años del Concilio e inmediatamente después, en algunos ambientes, cundió una tendencia pastoral que confundía la fe con la ilustración teológica de la misma. De allí la preparación minuciosa que se exigía para los sacramentos, en especial para el Bautismo, llegando a veces a despreciarse como superstición toda forma religiosa que no estuviese explícitamente engarzada en la Sagrada Escritura y en la Liturgia. Lo que podríamos llamar una “pastoral maximalista”. Posteriormente, y gracias a la exhortación Evangelii Nuntiandi (1975), de Pablo VI, se revaloró la piedad popular y la llamada pastoral popular. A treinta y seis años de dicha exhortación, ¿podemos decir que la pastoral popular es siempre conforme a aquellas orientaciones? ¿O tal vez la misma cae a veces en un minimalismo pastoral, despreocupado de ayudar al pueblo a crecer, reteniéndolo en un estado de fe embrionaria, fácilmente sometido al peligro de la superstición, y a caer víctima de las sectas?
Una pastoral seria, según el Espíritu de Jesús
7. El estilo pastoral de Jesús, puesto de manifiesto en el trato con la samaritana, muestra que es posible una pastoral seria, ni maximalista ni minimalista, que, partiendo desde el estado en que se encuentra la gente, la vaya llevando gradualmente a una expresión madura de la fe en Jesús, el Hijo de Dios, y a un compromiso serio de vida cristiana. ¿Estamos en esto los pastores y catequistas?
(Parroquia Ntra. Sra. de la Candelaria)
Este Blog pretende ser un instrumento al servicio de la Parroquia, para información y formación de los visitantes
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sábado, 26 de marzo de 2011
sábado, 19 de marzo de 2011
SEGUNDO DOMINGO DE CUAREMA
HOJA PARROQUIA DE LOS RECTORES
Segundo Domingo de Cuaresma
Escritura:
Génesis 12, 1-4; 2 Timoteo 1, 8-10; Mateo 17, 1-9
EVANGELIO
En aquel tiempo, Jesús tomó consigo a Pedro, a Santiago y a su hermano Juan y se los llevó aparte a una montaña más alta. Se transfiguró delante de ellos y su rostro resplandecía como el sol y sus vestidos se volvieron blancos como la luz. Y se les aparecieron Moisés y Elías conversando con él.
Pedro entonces tomó la palabra y dijo a Jesús: -Señor, ¡qué hermoso es estar aquí! Si quieres, haré tres chozas: una par ti, otra para Moisés y otra para Elías.
Todavía estaba hablando cuando una nube luminosa los cubrió con su sombra, y una voz desde la nube decía: -Este es mi Hijo, el amado, mi predilecto. Escuchadle.
Al oírlo, los discípulos cayeron de bruces, llenos de espanto. Jesús se acercó y tocándolos les dijo: -Levantaos, no temáis.
Al alzar los ojos no vieron a nadie más que a Jesús, solo. Cunado bajaban de la montaña, Jesús les mandó:
-No contéis a nadie la visión hasta que el Hijo del hombre resucite de entre los muertos.
COMENTARIO
TRANSFIGURACIÓN. LA CIRUGÍA DE DIOS.
EL VIEJO ÁRBOL
Henri Nouwen dedicó su vida a la enseñanza y a los pobres en la Fundación El Arca.
No escribió novelas, sí escribió muchos libros de espiritualidad que han alimentado a muchas personas.
El Regreso del Hijo Pródigo, Puedes beber este cáliz, Semillas de Esperanza…son algunos títulos de su reflexión sobre el evangelio y el ser cristiano.
En su libro Sobre la Soledad nos dice que: “en la soledad caemos en la cuenta de que nuestro valor no es lo mismo que nuestra utilidad” y narra la historia del viejo árbol.
Un carpintero y su aprendiz paseaban un día por el bosque. Contemplaron un roble alto, enorme, lleno de nudos, viejo y muy hermoso.
El carpintero le preguntó a su aprendiz: ¿sabes por qué es este roble tan gigantesco y tan hermoso?
No sé, le contestó. ¿Por qué?
Porque no sirve para nada. Si hubiera sido útil hace mucho tiempo que habría sido cortado para hacer sillas y mesas, pero como no sirve para nada se ha hecho viejo para que te sientes a su sombra y descanses.
Vivimos tan obsesionados por nuestra utilidad, por lo mucho que valemos, por la consideración social, que pensamos que sólo somos lo que hacemos.
Y la pregunta obvia cuando saludamos a alguien es saber a qué se dedica esa persona, nos interesa lo que hace, lo que tiene…todo lo demás se nos antoja no esencial.
El evangelio de este segundo domingo de Cuaresma nos narra la Transfiguración de Jesús, escena de película que tiene lugar en la cima de la montaña.
“Su rostro resplandecía como el sol y sus vestidos se volvieron blancos como la luz”.
Transfigurarse o transformarse por fuera es un fenómeno que sucede todos los días.
Las ciudades se transfiguran, se hacen más hermosas, se iluminan los monumentos, se crean muchas zonas verdes, se multiplican los centros de ocio, se limpian las fachadas…Luz y sonido como en el Tabor.
Las personas también se transfiguran: maquillajes, cirugías estéticas, trajes de fiesta…Máscaras que ocultan el vacío interior.
Transfiguraciones externas, siempre posibles, siempre deseadas. Todos queremos impresionar a los demás y ganarnos su aprobación.
Jesús el día de su Transfiguración tenía un aspecto diferente y sorprendente.
Jesús estaba de fiesta, la fiesta de la oración en la soledad de la montaña.
ESCUCHAR. “Este es mi Hijo, el amado, mi predilecto. Escuchadle”.
BAJAR. Que bien se está aquí, dice Pedro atolondrado. Hay que bajar del Tabor, hay que dejar el área de descanso, la religión y nadar a contra corriente en las aguas turbulentas de la sociedad. Bajar con el rostro de cada día, pero con el espíritu alimentado y el corazón transformado.
RELATO PARA PENSAR
Un niño negro contemplaba extasiado al vendedor de globos en la feria, el cual era, evidentemente, un excelente vendedor. En un determinado momento soltó un globo rojo, que se elevó por los aires atrayendo a una multitud de posibles jóvenes clientes.
Luego soltó un globo azul, después uno amarillo, a continuación un globo blanco… Todos ellos remontaron el vuelo hacia el cielo hasta que desaparecieron. El niño negro, sin embargo, no dejaba de mirar un globo negro que el vendedor no soltaba en ningún momento. Finalmente, le preguntó: “Señor, si soltara usted el globo negro, subiría tan alto como los demás?”
El vendedor sonrió comprensivamente al niño, soltó el cordel con que tenía sujeto el globo negro, y mientras éste se elevaba hacia lo alto, dijo: “No es el color lo que hace subir, hijo. Es lo que hay dentro.”
Esta Semana
El Jueves rezamos al terminar la Misa la Coronilla de la Divina Misericordia.
El Viernes haremos el ejercicio del Vía Crucis al terminar la Misa
Segundo Domingo de Cuaresma
Escritura:
Génesis 12, 1-4; 2 Timoteo 1, 8-10; Mateo 17, 1-9
EVANGELIO
En aquel tiempo, Jesús tomó consigo a Pedro, a Santiago y a su hermano Juan y se los llevó aparte a una montaña más alta. Se transfiguró delante de ellos y su rostro resplandecía como el sol y sus vestidos se volvieron blancos como la luz. Y se les aparecieron Moisés y Elías conversando con él.
Pedro entonces tomó la palabra y dijo a Jesús: -Señor, ¡qué hermoso es estar aquí! Si quieres, haré tres chozas: una par ti, otra para Moisés y otra para Elías.
Todavía estaba hablando cuando una nube luminosa los cubrió con su sombra, y una voz desde la nube decía: -Este es mi Hijo, el amado, mi predilecto. Escuchadle.
Al oírlo, los discípulos cayeron de bruces, llenos de espanto. Jesús se acercó y tocándolos les dijo: -Levantaos, no temáis.
Al alzar los ojos no vieron a nadie más que a Jesús, solo. Cunado bajaban de la montaña, Jesús les mandó:
-No contéis a nadie la visión hasta que el Hijo del hombre resucite de entre los muertos.
COMENTARIO
TRANSFIGURACIÓN. LA CIRUGÍA DE DIOS.
EL VIEJO ÁRBOL
Henri Nouwen dedicó su vida a la enseñanza y a los pobres en la Fundación El Arca.
No escribió novelas, sí escribió muchos libros de espiritualidad que han alimentado a muchas personas.
El Regreso del Hijo Pródigo, Puedes beber este cáliz, Semillas de Esperanza…son algunos títulos de su reflexión sobre el evangelio y el ser cristiano.
En su libro Sobre la Soledad nos dice que: “en la soledad caemos en la cuenta de que nuestro valor no es lo mismo que nuestra utilidad” y narra la historia del viejo árbol.
Un carpintero y su aprendiz paseaban un día por el bosque. Contemplaron un roble alto, enorme, lleno de nudos, viejo y muy hermoso.
El carpintero le preguntó a su aprendiz: ¿sabes por qué es este roble tan gigantesco y tan hermoso?
No sé, le contestó. ¿Por qué?
Porque no sirve para nada. Si hubiera sido útil hace mucho tiempo que habría sido cortado para hacer sillas y mesas, pero como no sirve para nada se ha hecho viejo para que te sientes a su sombra y descanses.
Vivimos tan obsesionados por nuestra utilidad, por lo mucho que valemos, por la consideración social, que pensamos que sólo somos lo que hacemos.
Y la pregunta obvia cuando saludamos a alguien es saber a qué se dedica esa persona, nos interesa lo que hace, lo que tiene…todo lo demás se nos antoja no esencial.
El evangelio de este segundo domingo de Cuaresma nos narra la Transfiguración de Jesús, escena de película que tiene lugar en la cima de la montaña.
“Su rostro resplandecía como el sol y sus vestidos se volvieron blancos como la luz”.
Transfigurarse o transformarse por fuera es un fenómeno que sucede todos los días.
Las ciudades se transfiguran, se hacen más hermosas, se iluminan los monumentos, se crean muchas zonas verdes, se multiplican los centros de ocio, se limpian las fachadas…Luz y sonido como en el Tabor.
Las personas también se transfiguran: maquillajes, cirugías estéticas, trajes de fiesta…Máscaras que ocultan el vacío interior.
Transfiguraciones externas, siempre posibles, siempre deseadas. Todos queremos impresionar a los demás y ganarnos su aprobación.
Jesús el día de su Transfiguración tenía un aspecto diferente y sorprendente.
Jesús estaba de fiesta, la fiesta de la oración en la soledad de la montaña.
ESCUCHAR. “Este es mi Hijo, el amado, mi predilecto. Escuchadle”.
BAJAR. Que bien se está aquí, dice Pedro atolondrado. Hay que bajar del Tabor, hay que dejar el área de descanso, la religión y nadar a contra corriente en las aguas turbulentas de la sociedad. Bajar con el rostro de cada día, pero con el espíritu alimentado y el corazón transformado.
RELATO PARA PENSAR
Un niño negro contemplaba extasiado al vendedor de globos en la feria, el cual era, evidentemente, un excelente vendedor. En un determinado momento soltó un globo rojo, que se elevó por los aires atrayendo a una multitud de posibles jóvenes clientes.
Luego soltó un globo azul, después uno amarillo, a continuación un globo blanco… Todos ellos remontaron el vuelo hacia el cielo hasta que desaparecieron. El niño negro, sin embargo, no dejaba de mirar un globo negro que el vendedor no soltaba en ningún momento. Finalmente, le preguntó: “Señor, si soltara usted el globo negro, subiría tan alto como los demás?”
El vendedor sonrió comprensivamente al niño, soltó el cordel con que tenía sujeto el globo negro, y mientras éste se elevaba hacia lo alto, dijo: “No es el color lo que hace subir, hijo. Es lo que hay dentro.”
Esta Semana
El Jueves rezamos al terminar la Misa la Coronilla de la Divina Misericordia.
El Viernes haremos el ejercicio del Vía Crucis al terminar la Misa
sábado, 12 de marzo de 2011
PRIMER DOMINGO DE CUARESMA
Con Jesús en el desierto
(Por su interés reproducimos la Homilía del P. Cantalamessa, Predicador de la Casa Pontificia, para este Domingo)
Concentrémonos en la frase inicial del Evangelio: «El Espíritu empujó a Jesús al desierto». Contiene un llamamiento importante en el inicio de la Cuaresma. Jesús acababa de recibir, en el Jordán, la investidura mesiánica para llevar la buena nueva a los pobres, sanar los corazones afligidos, predicar el reino. Pero no se apresura a hacer ninguna de estas cosas. Al contrario, obedeciendo a un impulso del Espíritu Santo, se retira al desierto donde permanece cuarenta días, ayunando, orando, meditando, luchando. Todo esto en profunda soledad y silencio.
Ha habido en la historia legiones de hombres y mujeres que han elegido imitar a este Jesús que se retira al desierto. En Oriente, empezando por san Antonio Abad, se retiraban a los desiertos de Egipto o de Palestina; en Occidente, donde no había desierto de arena, se retiraban a lugares solitarios, montes y valles remotos.
Pero la invitación a seguir a Jesús en el desierto se dirige a todos. Los monjes y los ermitaños eligieron un espacio de desierto; nosotros debemos elegir al menos un tiempo de desierto. Pasar un tiempo de desierto significa hacer un poco de vacío y de silencio en torno a nosotros, reencontrar el camino de nuestro corazón, sustraerse al alboroto y a los apremios exteriores para entrar en contacto con las fuentes más profundas de nuestro ser.
Bien vivida, la Cuaresma es una especie de cura de desintoxicación del alma. De hecho no existe sólo la contaminación de óxido de carbono; existe también la contaminación acústica y luminosa. Todos estamos un poco ebrios de jaleo y de exterioridad. El hombre envía sus sondas hasta la periferia del sistema solar, pero ignora, la mayoría de las veces, lo que existe en su propio corazón. Evadirse, distraerse, divertirse: son palabras que indican salir de sí mismo, sustraerse a la realidad. Hay espectáculos «de evasión» (la TV los propina en avalancha), literatura «de evasión». Son llamados, significativamente, fiction, ficción. Preferimos vivir en la ficción que en la realidad. Hoy se habla mucho de «alienígenas», pero alienígenas, o alienados, lo estamos ya por nuestra cuenta en nuestro propio planeta, sin necesidad de que vengan otros de fuera.
Los jóvenes son los más expuestos a esta embriaguez de estruendo. «Que se aumente el trabajo de estos hombres –decía de los hebreos el faraón a sus ministros-- para que estén ocupados en él, de forma que no presten oído a las palabras de Moisés y no piensen en sustraerse de la esclavitud» (Ex 5, 9). Los «faraones» de hoy dicen, de modo tácito pero no menos perentorio: «Que se aumente el alboroto sobre estos jóvenes, que les aturda, para que no piensen, no decidan por su cuenta, sino que sigan la moda, compren lo que queremos nosotros, consuman los productos que decimos nosotros».
¿Qué hacer? Al no podernos ir a desierto hay que hacer un poco de desierto dentro de nosotros. San Francisco de Asís nos da, al respecto, una sugerencia práctica. «Tenemos --decía-- una ermita siempre con nosotros; allí donde vayamos y cada vez que lo queramos podemos encerrarnos en ella como ermitaños. ¡El eremitorio es nuestro cuerpo y el alma es la ermita que habita dentro!». En este eremitorio «portátil» podemos entrar, sin saltar a la vista de nadie, hasta mientras viajamos en un autobús concurridísimo. Todo consiste en saber «volver a entrar en uno mismo» cada tanto.
¡Que el Espíritu que «empujó a Jesús al desierto» nos lleve también a nosotros, nos asista en la lucha contra el mal y nos prepare a celebrar la Pascua renovados en el espíritu!
Juan García Inza
(Por su interés reproducimos la Homilía del P. Cantalamessa, Predicador de la Casa Pontificia, para este Domingo)
Concentrémonos en la frase inicial del Evangelio: «El Espíritu empujó a Jesús al desierto». Contiene un llamamiento importante en el inicio de la Cuaresma. Jesús acababa de recibir, en el Jordán, la investidura mesiánica para llevar la buena nueva a los pobres, sanar los corazones afligidos, predicar el reino. Pero no se apresura a hacer ninguna de estas cosas. Al contrario, obedeciendo a un impulso del Espíritu Santo, se retira al desierto donde permanece cuarenta días, ayunando, orando, meditando, luchando. Todo esto en profunda soledad y silencio.
Ha habido en la historia legiones de hombres y mujeres que han elegido imitar a este Jesús que se retira al desierto. En Oriente, empezando por san Antonio Abad, se retiraban a los desiertos de Egipto o de Palestina; en Occidente, donde no había desierto de arena, se retiraban a lugares solitarios, montes y valles remotos.
Pero la invitación a seguir a Jesús en el desierto se dirige a todos. Los monjes y los ermitaños eligieron un espacio de desierto; nosotros debemos elegir al menos un tiempo de desierto. Pasar un tiempo de desierto significa hacer un poco de vacío y de silencio en torno a nosotros, reencontrar el camino de nuestro corazón, sustraerse al alboroto y a los apremios exteriores para entrar en contacto con las fuentes más profundas de nuestro ser.
Bien vivida, la Cuaresma es una especie de cura de desintoxicación del alma. De hecho no existe sólo la contaminación de óxido de carbono; existe también la contaminación acústica y luminosa. Todos estamos un poco ebrios de jaleo y de exterioridad. El hombre envía sus sondas hasta la periferia del sistema solar, pero ignora, la mayoría de las veces, lo que existe en su propio corazón. Evadirse, distraerse, divertirse: son palabras que indican salir de sí mismo, sustraerse a la realidad. Hay espectáculos «de evasión» (la TV los propina en avalancha), literatura «de evasión». Son llamados, significativamente, fiction, ficción. Preferimos vivir en la ficción que en la realidad. Hoy se habla mucho de «alienígenas», pero alienígenas, o alienados, lo estamos ya por nuestra cuenta en nuestro propio planeta, sin necesidad de que vengan otros de fuera.
Los jóvenes son los más expuestos a esta embriaguez de estruendo. «Que se aumente el trabajo de estos hombres –decía de los hebreos el faraón a sus ministros-- para que estén ocupados en él, de forma que no presten oído a las palabras de Moisés y no piensen en sustraerse de la esclavitud» (Ex 5, 9). Los «faraones» de hoy dicen, de modo tácito pero no menos perentorio: «Que se aumente el alboroto sobre estos jóvenes, que les aturda, para que no piensen, no decidan por su cuenta, sino que sigan la moda, compren lo que queremos nosotros, consuman los productos que decimos nosotros».
¿Qué hacer? Al no podernos ir a desierto hay que hacer un poco de desierto dentro de nosotros. San Francisco de Asís nos da, al respecto, una sugerencia práctica. «Tenemos --decía-- una ermita siempre con nosotros; allí donde vayamos y cada vez que lo queramos podemos encerrarnos en ella como ermitaños. ¡El eremitorio es nuestro cuerpo y el alma es la ermita que habita dentro!». En este eremitorio «portátil» podemos entrar, sin saltar a la vista de nadie, hasta mientras viajamos en un autobús concurridísimo. Todo consiste en saber «volver a entrar en uno mismo» cada tanto.
¡Que el Espíritu que «empujó a Jesús al desierto» nos lleve también a nosotros, nos asista en la lucha contra el mal y nos prepare a celebrar la Pascua renovados en el espíritu!
Juan García Inza
sábado, 5 de marzo de 2011
DOMINGO 9º DEL TIEMPO ORDINARIO, CICLO C
Quien cumple las enseñanzas de Jesús edifica su vida sobre el sólido fundamento de una roca. Esta imagen recorre toda la Sagrada Escritura. Yahvé-Dios es la Piedra o Roca de Israel. De ella brotó el agua cuando los israelitas atravesaban el desierto y ella misma es Cristo, piedra angular, agua viva y fuente de vida eterna. Pero la piedra angular puede convertirse piedra de escándalo y ser desechada por los que intentan construir un mundo sin Dios.
La piedra, que es Cristo (cf 1 Cor 10), es la seguridad en las tormentas y vendavales de las pasiones humanas. Nosotros acertaremos en esta vida cuando edifiquemos con el Señor la casa común y la propia vida en la Iglesia. Para ello es preciso abandonar ese modo egoísta –necio, lo llama el Señor- de enfocar las cosas que se deslumbra con el inmenso y, a veces, maravilloso poder técnico, porque eso es construir sobre arena. ¿No vemos a nuestro alrededor personas destrozadas interiormente, destruidas, como esa casa edificada sobre arena de la que nos habla Jesús al final del Sermón del Monte?
“Nosotros somos piedras, sillares, que se mueven, que sienten, que tienen una libérrima voluntad. Dios mismo es el cantero que nos quita las esquinas, arreglándonos, modificándonos, según El desea, a golpe de martillo y de cincel. No queramos apartarnos, no queramos esquivar su Voluntad, porque de cualquier modo, no podremos evitar los golpes. Sufriremos más e inútilmente, y, en lugar de la piedra pulida y dispuesta para edificar, seremos un montón informe de grava que pisarán las gentes con desprecio” (San Josemaría Escrivá).
Jesucristo es la piedra angular de la Iglesia y de cada uno de nosotros, sin ella todo se viene abajo. Trabajos, intereses, amores, negocios, proyectos, diversiones…; en una palabra: la vida entera, adquiere un sentido cuando vivimos como discípulos de Cristo. Supondría una equivocación grave aparcar nuestra condición de cristianos si, a la hora de ejercer un trabajo, de emprender un negocio, de elegir un espectáculo, un lugar para las vacaciones, etc., tan sólo pensáramos en las ventajas económicas o de otro signo y no tuviéramos en cuenta si eso es bueno o malo, lícito o no. Si en nuestras actuaciones no están presentes las enseñanzas de Jesucristo, el vendaval y los estragos del tiempo se encargarán de arruinar todos esos proyectos.
En la Primera Lectura de la Misa de hoy hemos leído: “Meteos mis palabras en el corazón y en el alma”. El cristiano que se apoya en la piedra angular, que es Cristo, tiene su modo de ver el mundo y una escala de valores que le permite ser libre frente a los cantos de sirena de vientos y ríos salidos de madre, porque “donde está el espíritu del Señor allí está la libertad” (2 Cor 3, 17).
El Concilio Vaticano II, afirma que: “La Iglesia… cree que la clave, el centro y la finalidad de toda la historia humana se encuentra en su Señor y Maestro” (G. S. 10). Con el Salmo Responsorial, podemos acudir a Dios diciéndole: “Sé la roca de mi refugio, Señor”.
Justo Luis Rodríguez Sánchez de Alva
sábado, 26 de febrero de 2011
DOMINGO 8º DEL T.O. Ciclo A
VANGELIO
Nadie puede servir a dos señores. Porque despreciará a uno y amará al otro; o, al contrario, se dedicará al primero, y no hará caso del segundo. No podéis servir a Dios y al dinero.
Por eso os digo: no andéis agobiados por vuestra vida pensando qué vais a comer, ni por vuestro cuerpo pensando con qué os vais a vestir.
¿No vale más la vida que el alimento, y el cuerpo que el vestido?
Mirad los pájaros del cielo: no siembran ni siegan, ni almacenan y, sin embargo, vuestro Padre celestial los alimenta. ¿No valéis vosotros más que ellos?
¿Quién de vosotros, a fuerza de agobiarse, podrá añadir una hora al tiempo de su vida?
¿Por qué os agobiáis por el vestido?
Fijaos cómo crecen los lirios del campo: ni trabajan ni hilan. Y yo os digo que ni Salomón, en todo su fasto, estaba vestido como uno de ellos. Pues si la hierba, que hoy está en el campo y mañana se arroja al horno, Dios la viste así, ¿no hará mucho más por vosotros, gente de poca fe?
No andéis agobiados pensando qué vais a comer, o qué vais a beber, o con qué os vais a vestir. Los paganos se afanan por esas cosas.
Ya sabe vuestro Padre celestial que tenéis necesidad de todo eso.
Buscad sobre todo el reino de Dios y su justicia; y todo eso se os dará por añadidura.
Por tanto, no os agobiéis por el mañana, porque el mañana traerá su propio agobio. A cada día le basta su desgracia.
HOMILÍA
Érase una vez un hombre muy rico y avaricioso que contrató a un matemático para que descubriera la fórmula que le permitiera incrementar más y más sus ganancias.
El hombre rico estaba construyendo una enorme caja fuerte donde almacenar mucho oro y muchas joyas.
El matemático se encerró durante seis meses en su estudio y al final encontró la fórmula.
Una noche se presentó en la casa del hombre rico con una gran sonrisa en la cara y le dijo: Ya lo tengo. Mi fórmula es perfecta.
El hombre rico no tenía tiempo para explicaciones ya que a la mañana siguiente emprendía un largo viaje, pero le prometió doblarle el sueldo si, en su ausencia, se encargaba de sus negocios y así ponía en práctica su nueva fórmula. Éste aceptó encantado.
Cuando el rico regresó descubrió que todas sus riquezas se habían esfumado. Furioso, le pidió explicaciones.
El matemático con mucha calma le dijo que había distribuido todo entre la gente.
El rico no se lo podía creer.
Durante meses, explicó el matemático, analicé cómo se podía obtener el máximo beneficio, pero siempre era algo muy limitado. Comprendí que la clave consistía en que, no uno, sino muchas gentes podían ayudarnos a conseguir el objetivo. La conclusión era que ayudando a los demás era la mejor manera de que muchas gentes nos beneficiaran a nosotros.
Furioso y abatido se puso a caminar, pero los vecinos salían a su encuentro y le ofrecían todo lo que necesitaba, comida, casa… y pudo comprobar los resultados previstos por el matemático. Recibía honores y ayuda de todos. Cayó en la cuenta de que no tener nada le había dado mucho más.
Pronto emprendió nuevos negocios, pero siguiendo el consejo del matemático ya no guardaba nada en la caja fuerte sino que lo compartía con los demás cuyos corazones eran las más seguras y más agradecidas cajas fuertes.
Pedro Pablo Sacristán.
Nosotros no contratamos un matemático. Cada uno de nosotros somos ese matemático que busca la fórmula del mayor beneficio, de más ingresos, de más influencias…porque nunca tendremos bastante. Así funcionan los paganos.
Los cristianos ya tenemos nuestro matemático y cada vez que venimos al área de descanso, de una manera o de otra, nos recuerda su fórmula para agradar a Dios y para incrementar nuestros beneficios, la del servicio, la de la confianza, la del compartir con los necesitados, ellos son nuestra esperanza.
Cinco veces nos dice Jesús en el evangelio proclamado “no os agobiéis por lo que vais a comer o con qué os vais a vestir”.
La vida no es otra cosa que agobio y preocupación.
Si el consejo de Jesús nos desconcierta a los que tenemos lo esencial para vivir dignamente, tiene que resultar cruel e insultante a los millones de parados y muertos de hambre que pueblan nuestro mundo.
Pero Jesús se dirige a los que tienen y les recuerda que el mundo está en sus manos y que, a través de sus manos, su inteligencia y sus acciones, su amor y su compasión tiene que pasar a los necesitados que son sus prójimos. No hacerlo es vivir cómodamente pero en la muerte.
Los que tienen no pueden refugiarse en el culto al confort, en la seguridad de su caja fuerte, en el servicio al amo dinero.
Los cristianos somos llamados a revisar continuamente nuestras prioridades, a mirar más allá de las fronteras de nuestro yo, a agobiarnos, pero no para tener más sino para ser más y compartir más con los millones de personas que no pueden mirar al cielo porque sus ojos están fijos en el suelo esperando nuestras migajas, las que caen de nuestras mesas, porque sus vidas más que agobio son pura desesperación.
Es fácil hablar de Dios y confiar en Dios con el estómago lleno, pero para los que mueren de hambre nuestra jerga espiritual les suena a broma.
Y a pesar de la enseñanza de nuestro Maestro siempre viviremos con el corazón partido. Dios sí, por supuesto, ¿cómo no tener a Dios como amo si es el mejor amo?
Pero ¿cómo no adorar y alimentar los pequeños amos de este mundo que nos halagan y nos hacen tanto bien?
No podéis servir a dos señores, no podéis tener dos lealtades contradictorias.
A los que lo tenemos todo nos preocupa el colesterol, la contaminación del aire, las notas de los hijos, el fin de semana…pequeñeces de personas satisfechas.
¿Quién de vosotros a fuerza de agobiarse puede añadir una hora de tiempo a su vida?
Es cuestión de vida o muerte, solemos decir agobiados.
El mensaje de Jesús es también cuestión de vida o muerte.
El presente, este hoy maravilloso, es el tiempo de la Presencia de mi Padre celestial y le doy las gracias.
¿Y el mañana? El mañana es mi agobio, mi preocupación, mi interrogante y el de todos los hombres, el de los que tienen y el de los que carecen de todo. Tengo confianza en que, en el mañana, la Presencia de Dios mi Padre no me faltará por que suyo es el ayer, el hoy y el mañana.
A lo largo de este caminar con y sin agobios busquemos el Reino de Dios y su justicia, el imperio de su amor.
domingo, 20 de febrero de 2011
Benedicto XVI en el Ángelus del domingo 20 de febrero
domingo, 20 de febrero de 2011
Benedicto XVI, al hilo de la liturgia de la Palabra del séptimo domingo del tiempo litúrgico ordinario –ciclo A-, exhorta a vencer el mal con el bien y a confiar a Dios todas nuestras adversidades para alcanzar la libertad y la paz espiritual
Benedicto XVI ha dedicado su alocución del Ángelus dominical en la plaza de san Pedro a las lecturas bíblicas que en estos domingos del Tiempo Ordinario nos hablan de la “voluntad de Dios para que los hombres sean partícipes de su propia vida. “Sed santos porque yo, el Señor, vuestro Dios, soy Santo”; “Amarás a tu prójimo como a ti mismo”. Son palabras y preceptos que se leen en el Libro del Levítico, ha indicado el Papa. “Si escuchamos después a Jesús, en el cual Dios ha asumido un cuerpo mortal para hacerse próximo a cada hombre y revelar su amor infinito por nosotros, encontramos esta misma llamada y el mismo audaz objetivo.
“De hecho -ha indicado el Pontífice- el Señor dice: "sed perfectos como es perfecto vuestro Padre celestial”. “¿Pero quién puede ser perfecto?”, se ha preguntado el Santo Padre. “Nuestra perfección es vivir con humildad como hijos de Dios, cumpliendo concretamente su voluntad”. San Cipriano escribía que “a la paternidad de Dios debe corresponder un comportamiento de hijos de Dios, para que Dios sea glorificado y alabado con la buena conducta del hombre”. Y “¿De qué manera podemos imitar a Jesús?”. Él dice: “Amad a vuestros enemigos y rezad por los que os persiguen, para que seáis hijos de vuestro Padre que está en los cielos”.
Quien acoge al Señor en la propia vida y lo ama con todo el corazón es capaz de un nuevo inicio. Consigue cumplir la voluntad de Dios al realizar una nueva forma de existencia animada por el amor y destinada a la eternidad.
Y a estas palabras, Benedicto XVI ha añadido las del Apóstol Pablo: “¿No sabéis que sois el templo de Dios y que el Espíritu Santo habita en vosotros? “Si somos realmente conscientes de esta realidad y la plasmamos en nuestra vida -ha afirmado el Pontífice- entonces nuestro testimonio será claro, elocuente y eficaz”. El Papa ha citado a este respecto a Juan Climaco, que decía: “Cuando el ser humano, por entero, se mezcla con el amor de Dios, entonces el esplendor de su alma se refleja también en su aspecto exterior”.
El Santo Padre antes de la oración del Ángelus ha recordado que pasado mañana, 22 de febrero, celebramos la fiesta de la Cátedra de San Pedro apóstol. A él, primero entre los Apóstoles, Cristo confió la tarea de Maestro y de Pastor para la guía espiritual del Pueblo de Dios, para que éste pueda subir hasta el Cielo.
Exhorto, por tanto, a todos los Pastores a asimilar aquel “nuevo estilo de vida” que fue inaugurado por el Señor Jesús y que fue seguido por los Apóstoles. Invoquemos la Virgen María, Madre de Dios y de la Iglesia, para que nos enseñe a amarnos los unos con los otros y a acogernos como hermanos, hijos del Padre celestial.
Saludando en distintas lenguas a los fieles reunidos en la plaza de san Pedro, el Papa, después de la oración mariana, ha insistido sobre el mismo tema: “Amad a vuestros enemigos”, ha dicho. “Cuando se sufre por el mal, la persecución, la injusticia, evitemos la venganza y el odio y recemos por los perseguidores. Venzamos el mal con el bien. Confiemos a Dios todas nuestras adversidades para alcanzar la libertad y la paz espiritual”.
Saludo a los peregrinos de lengua española presentes en esta oración mariana, en particular a los fieles de la Parroquia de Santa Eulalia, de Murcia. La liturgia nos invita hoy a la plenitud de la vida cristiana y a la perfección de la caridad, mediante el perdón de los enemigos y la oración por los perseguidores, fuente de la reconciliación duradera. Un mensaje oportuno también para el pueblo colombiano, al que deseo hacer llegar mi cercanía y afecto con motivo de las diferentes iniciativas que se están llevando a cabo para conmemorar que, hace veinticinco años, mi venerado predecesor, el Papa Juan Pablo II, se puso en marcha “con la paz de Cristo, por los caminos de Colombia”. Que Santa María la Virgen, Madre del Amor hermoso, acompañe los esfuerzos que en aquella querida Nación latinoamericana, y en otras partes del mundo, se realizan para promover la fraternidad y la concordia entre todas las personas sin excepción alguna. Feliz domingo.
sábado, 19 de febrero de 2011
Domingo 7º del T.O.
EVANGELIO (Mt. 5,38-48)
Habéis oído que se dijo: “Ojo por ojo, diente por diente”.
Pues yo os digo: No hagáis frente al que os agravia. Al contrario, si uno te abofetea en la mejilla derecha, preséntale la otra; al que quiera ponerte pleito para quitarte la túnica, dale también la capa; a quien te requiera para caminar una milla, acompáñale dos; a quien te pide, dale, y al que te pide prestado, no lo rehúyas.
Habéis oído que se dijo: “Amarás a tu prójimo” y aborrecerás a tu enemigo.
Pero yo os digo: Amad a vuestros enemigos y rezad por los que os persiguen, para que seáis hijos de vuestro Padre celestial, que hace salir su sol sobre buenos y malos, y manda la lluvia a justos e injustos.
Porque si amáis a los que os aman, ¿qué premio tendréis? ¿No hacen lo mismo también los publicanos?
Y, si saludáis solo a vuestros hermanos, ¿qué hacéis de extraordinario? ¿No hacen lo mismo también los gentiles?
Por tanto, sed perfectos, como vuestro Padre celestial es perfecto.
COMENTARIO
Esta es una historia verdadera. Sucedió en Canadá. Es la historia de dos agricultores que vivían cerca el uno del otro.
Un día el perro de uno de ellos se soltó y a dentelladas mató al niño de dos años de su vecino.
El padre del niño angustiado cortó la comunicación y la relación con su vecino y los dos hombres vivieron en amenazante enemistad durante años.
Y un buen día el fuego arrasó la propiedad del agricultor dueño del perro y destruyó su granja y sus herramientas.
No podía ni labrar sus tierras ni sembrarlas y su futuro era negrísimo.
Pero a la mañana siguiente se despertó y encontró sus tierras labradas y listas para la siembra.
Preguntó y supo que el que había hecho esta buena acción no era otro que su enemigo, su angustiado vecino.
Con mucha humildad salió en su busca y le preguntó por qué lo había hecho.
Su respuesta fue la siguiente: “Labré tus tierras para que Dios siga vivo”.
El amor cristiano es mucho más que afecto y amistad, es perdón y reconciliación, es gracia y resurrección.
El domingo pasado hablábamos de los diez mandamientos, las diez “Palabras” del Sinaí.
Jesús nos comentaba las “Palabras” desde su interior y nos exhortaba a sus seguidores a superar la mera letra y a profundizar en su espíritu, a vivirlas desde su auténtica dimensión, la del amor.
Jesús no nos manda nada, no es un legislador, no ha venido hasta nosotros con un código de leyes que hay que cumplir bajo pena de cárcel, multa o muerte, cielo o infierno, decimos los cristianos, para eso ya están las leyes y prohibiciones de los hombres.
Jesús ha venido para inspirarnos, para animarnos a vivir la armonía plena con Dios, con los hombres todos y con la naturaleza, su creación.
Como decía el agricultor canadiense para que Dios siga viviendo y destruyendo el muro que nos separa, el odio.
“En el pasado se os dijo; Amarás a tu prójimo y aborrecerás a tu enemigo.
Pero yo os digo: Amad a vuestros enemigos y rezad por los que os persiguen”.
DIOS PERDONA. SU OFICIO ES PERDONAR.
Pinturichio, famoso pintor italiano, estaba muy enfermo y su esposa le decía que tenía que confesarse y estar preparado para el gran viaje.
Él le contestaba. Yo he hecho bien mi oficio, he pintado los mejores cuadros y espero que Dios haga también su oficio y me perdone. Y día tras día retrasaba el sacramento de la reconciliación, tan convencido estaba del perdón de Dios.
¿NOSOTROS PERDONAMOS? ¿Amamos a los enemigos, a los que nos hieren con sus palabras y sus acciones?
Para los cristianos perdonar es más que una palabra tomada de los libros de autoayuda, es una exigencia de Jesús. “Perdonad y seréis perdonados”, Lucas 6, 37.
Los seguidores de Jesús debemos perdonar como Dios nos perdona sin reservas, sin condiciones, totalmente. Nosotros tenemos el ejemplo de Jesús y el plus del evangelio.
Pero el ejercicio del perdón debiera ser universal.
¿Por qué y para qué llevar el peso del odio al hombro día tras día?
¿Por qué vivir atados a las personas que odiamos?
Perdonar de corazón, tal vez, no le haga mucho bien a la persona odiada pero a mí me hace libre, me hace bien física y mentalmente y me da la paz al liberarme del fardo odioso que cargo a las espaldas.
DEL PERDÓN AL AMOR
Si a mí, cristiano y cura, me resulta difícil perdonar, no menos difícil me resulta amar a los de cerca y a los que no me caen bien, a mis enemigos, a los que me critican…
El amor, según Jesús, más que un sentimiento cálido es una decisión, más que búsqueda de mi bienestar, es querer el bienestar de próximos y lejanos, de amigos y de enemigos, deseo sincero de que estén bien, no les suceda nada malo y ¡ojalá! cambien de vida y de corazón.
El amor cristiano a los enemigos exige, a veces, denunciar y criticar sus proyectos injustos, egoístas y asesinos.
¿QUÉ HACÉIS DE EXTRAORDINARIO? Nos pregunta Jesús.
Ahí afuera se hace lo ordinario: quiero a los que me quieren, saludo a los que me saludan, doy a los que me dan, invito a los que me invitan, presto a los que me prestan…
Aquí adentro se nos pide hacer lo extraordinario, nos lo aconseja Dios que hace salir el sol para todos.
Extraordinario es: perdonar a todos, renunciar a la venganza, sufrir la injusticia, orar por los que nos persiguen, amar a los enemigos, dar con generosidad, ser más como Jesús, el hombre para los demás. El hombre más extraordinario.
Un rey riquísimo decidió entregar un brillante de valor incalculable a aquel de sus hijos que hiciera la hazaña más heroica.
El hijo mayor mató un dragón. El segundo con su espada derrotó a diez hombres armados. El más pequeño se encontró a su mayor enemigo durmiendo en el campo y lo dejó seguir durmiendo. ¿A quién premió el rey?
Yo, hombre ordinario y pecador, me olvido, a sabiendas, de eso de ser “perfecto como mi Padre es perfecto”, me gozo en mi debilidad, en mi imperfección, para que Dios pueda seguir actuando en mí. Huyo de la maldición de la perfección. Los perfectos redondos y llenos de si mismos pasan de Dios. No lo necesitan. Se bastan solos.
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