Este Blog pretende ser un instrumento al servicio de la Parroquia, para información y formación de los visitantes
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jueves, 2 de julio de 2009
martes, 30 de junio de 2009
IMAGENES DEL SANTUARIO DE LA DIVINA MISERICORDIA EN POLONIA
sábado, 27 de junio de 2009
REFLEXION PARA ESTE DOMINGO

De una Homilía del santo Padre Benedicto XVI en la Solemnidad de San Pedro y san Pablo
Queridos hermanos y hermanas:
La fiesta de San Pedro y San Pablo, apóstoles, es una grata memoria de los grandes testigos de Jesucristo y, a la vez, una solemne confesión de fe en la Iglesia una, santa, católica y apostólica.
Ante todo es una fiesta de la catolicidad. El signo de Pentecostés ―la nueva comunidad que habla en todas las lenguas y une a todos los pueblos en un único pueblo, en una familia de Dios― se ha hecho realidad. Nuestra asamblea litúrgica, en la que se encuentran reunidos obispos procedentes de todas las partes del mundo, personas de numerosas culturas y naciones, es una imagen de la familia de la Iglesia extendida por toda la tierra. Los extranjeros se han convertido en amigos; superando todos los confines, nos reconocemos hermanos. Así se ha cumplido la misión de san Pablo, que estaba convencido de ser “ministro de Cristo Jesús para con los gentiles, ejerciendo el sagrado oficio del Evangelio de Dios, para que la ofrenda de los gentiles, consagrada por el Espíritu Santo, agrade a Dios” (Rm 15, 16).
La finalidad de la misión es una humanidad transformada en una glorificación viva de Dios, el culto verdadero que Dios espera: este es el sentido más profundo de la catolicidad, una catolicidad que ya nos ha sido donada y hacia la cual, sin embargo, debemos avanzar siempre de nuevo. Catolicidad no sólo expresa una dimensión horizontal, la reunión de muchas personas en la unidad; también entraña una dimensión vertical: sólo dirigiendo nuestra mirada a Dios, sólo abriéndonos a él, podemos llegar a ser realmente uno. Como san Pablo, también san Pedro vino a Roma, a la ciudad a donde confluían todos los pueblos y que, precisamente por eso, podía convertirse, antes que cualquier otra, en manifestación de la universalidad del Evangelio. Al emprender el viaje de Jerusalén a Roma, ciertamente sabía que lo guiaban las palabras de los profetas, la fe y la oración de Israel.
sábado, 20 de junio de 2009
DOMINGO 12º DEL TIEMPO ORDINARIO

Tempestad calmada
La familia, como la Iglesia, va navegando en una barca por este mar de nuestro mundo tan complicado. No siempre hay calma en la convivencia. Es frecuente, y diríamos normal, que surjan ciertos oleajes, o incluso tempestades, que perturban la armonía que debe haber en un hogar. La familia, pequeña Iglesia, debe ser una comunidad de vida y amor. Pero para que sea así hay que luchar todos los días, y poner en juego las virtudes humanas y sobrenaturales que ayuden a superar las contrariedades y defectos que todos tenemos.
Es frecuente hoy que el mar se alborote más de la cuenta, y muchas veces suele ser por culpa de los que forman la misma comunidad familiar. No es raro que provoquemos una tempestad en un vaso de agua, y parece que todo se viene abajo, que la barca se hunde, que la historia se acaba. Y surge el miedo, el terror, la irritación, la violencia, el mal humor, la incomprensión… Y empiezan las quejas, y las inculpaciones mutuas, y la paz se pierde. Y parece que Cristo está dormido, y no se entera del problema. Y podemos incluso llegar a increparle como los apóstoles: ¿Es que no te importa que perezcamos? Pero está pendiente de todo. Y aunque parezca dormido conoce bien la situación. Al final pondrá calma en el ambiente, pero nos dirá después: ¿Por qué sois tan cobardes? ¿Aún no tenéis fe?
Este el origen de muchos problemas matrimoniales que terminan rompiendo la unidad. Hay mucha cobardía para afrontar en serio los conflictos, y hay mucha falta de fe para enfocar la vida desde Dios. Las máximas y los valores que ofrece la vida ya los conocemos. Pero, ¿es que Dios no cuenta para nada? ¿No es Él quien ha instituido el matrimonio, y nos ofrece su gracia, su perdón, sus normas para el buen funcionamiento de la persona y de la familia? Si a Dios lo echamos de casa, le cerramos las puertas, no le llamamos, la tempestad termina hundiendo la barca…Y al final pagan justos por pecadores.
Jesucristo es el Centro del mundo, de la historia, y de la vida de todos los hombres; y su único Salvador. Sólo en Él está nuestra salvación, sin más ofertas engañosas. La Persona de Jesucristo, Hijo de Dios y verdadero hombre entre los hombres es, por ello, el centro y la síntesis de la fe cristiana. En él encontramos el programa de la Iglesia y de la familia cristiana, "iglesia doméstica". En consecuencia no hay que inventar un nuevo programa. El programa ya existe. Es el de siempre, recogido por el Evangelio y la tradición viva; se centra en definitiva, en Cristo mismo, al que hay que conocer, amar e imitar para vivir en él la vida trinitaria y transformar en él la historia hasta su perfeccionamiento en la Jerusalén celestial. Es un programa que no cambia al modificarse los tiempos y las culturas, aunque los tiene en cuenta para un verdadero diálogo y comunicación eficaz.
El conocimiento de Jesucristo nace y crece, sobre todo, mediante el encuentro con su Palabra en la escucha y lectura del Evangelio, la participación en la vida, sobre todo en la Eucaristía, el trato en la oración personal y comunitaria, y el servicio y preocupación por los pobres y necesitados. Este conocimiento lleva al amor a su Persona y a practicar el mandamiento del amor al prójimo, que él nos dio como distintivo y que es el comienzo de toda imitación de su vida.
• ¿Se puede amar a Jesús sin conocer su vida y doctrina?
• ¿Cómo pueden los padres hacer cercanas a sus hijos la vida y enseñanza de Jesús?
• ¿Cómo hacer descubrir a los hijos que Cristo vive entre nosotros, aunque ya está gozando de Dios en la gloria del Padre?
Compromisos.
Oración por la familia: Padre de bondad y Dios de todo consuelo, que tanto amaste al mundo que le diste a tu Hijo Unigénito: haz que las familias cristianas sepan presentárselo a sus hijos como el camino que nos lleva hasta ti. Por el mismo Jesucristo nuestro Señor.
Juan García Inza
sábado, 13 de junio de 2009
CELEBRAMOS EL CURSILLO PREMATRIMONIAL DE JUNIO
SOLEMNIDAD DEL CORPUS CHRISTI

La Eucaristía, el secreto de los santos
En este día tan Solemne, dedicado al culto eucarístico público, más que exponer doctrina, generalmente bastante sabida, prefiero ofrecer uno testimonio de una escritora y periodista cristiana, amante de la Eucaristía, que nos ayude a sentirnos cerca del Amor de los Amores.
María Di Lorenzo afirmaba que el Año de la Eucaristía, convocado por Juan Pablo II, debería impulsarnos a reflexionar sobre la realidad, a menudo «desconocida» de muchas personas de a pie, que viven el «martirio silencioso» de la propia cotidianeidad, y en la Eucaristía encuentran «la fuerza de seguir adelante y testimoniar su ser cristiano sin titubeos».
En esta entrevista Di Lorenzo, escritora y periodista italiana, especializada en espiritualidad y cuestiones religiosas, ex redactora de la revista mensual «Madre di Dio», ha compartido algunas reflexiones sobre el valor de este sacramento en la vida de los santos
En este año, decía, el Santo Padre se ha propuesto suscitar una nueva «maravilla» Eucarística, que llegaron a obtener del pan partido no sólo alimento espiritual sino incluso el único alimento para seguir viviendo. ¿Qué santos le vienen a la mente al escuchar estas palabras?
Es difícil responder a su pregunta porque los santos eucarísticos en la Iglesia son muchos, incluso diría que todos los santos lo son. Si miramos los testimonios de vida ofrecidos por todos los santos y beatos de la Iglesia, desde los primeros siglos hasta nuestros días, vemos que no hay un solo santo que no haya sido estado forjado por la Eucaristía, por la pasión eucarística, por el amor eucarístico.
Todos, por decirlo de alguna manera, «han nacido de la Hostia». Tomo prestada esta expresión del beato Giacomo Alberione, fundador de la familia paulina, que lo decía siempre a sus amadísimos hijos espirituales: «Habéis nacido de la Hostia...». Es verdad. Y esto vale para todos los santos y beatos de la vi milenaria historia del catolicismo.
Entre todos, la figura con la que quizá más simpatizo es la de la Madre Teresa de Calcuta. Es una santa profundamente eucarística. La Eucaristía era el corazón de su vida, de su espiritualidad.
Decía a las religiosas: «Jesús en la Eucaristía y Jesús en los pobres, bajo las especies del pan y bajo las especies del pobre, eso es lo que hace de nosotras contemplativas en el corazón del mundo». En la base de la espiritualidad de la Madre Teresa estaba el sagrario.
Y no es por casualidad que se llama «sagrarios» a las comunidades abiertas en todo el mundo por las misioneras de la Caridad, porque son las casas de Jesús, decía la Madre Teresa. Las religiosas comulgan todos los días y todos los días hacen una hora de adoración eucarística, que ocupa un lugar muy importante en la vida espiritual de las misioneras de la Caridad.
Hasta 1973, la adoración al Santísimo Sacramento tenía una periodicidad semanal pero, tras el capítulo general del aquel año, se decidió realizarla todos los días. Desde entonces, la Madre Teresa pudo comprobar que la vida de su congregación obtenía un gran beneficio de la adoración cotidiana: más vocaciones, mayor intimidad con Dios, más amor misericordioso por los pobres.
¿Cómo puede hablarse de la Eucaristía a los niños?
Los padres cristianos deberían educar a sus hijos, desde que son muy pequeños, al amor eucarístico. Me viene a la mente, en concreto, una espléndida figura, como la de Antonietta Meo, «Nennolina», la niña romana que se fue al cielo a sólo siete años, pronto será beata, que había recibido de sus padres, profundamente cristianos, una educación religiosa sencilla y, al mismo tiempo, fuerte, capaz de hacerle afrontar el penoso calvario de su enfermedad, y que se alimentaba del amor a la Hostia.
A Nennolina apenas le dio tiempo para hacer su primera comunión seis meses antes de morir y lo deseaba tanto. Pero hay otro episodio de su vida, en mi opinión extraordinario, que hay que conocer: cuando Nennolina iba a la guardería dirigida por las religiosas de la Santa Cruz en Jerusalén, con frecuencia vieron y luego han testimoniado que la niña, antes de salir de su capilla para ir a jugar al patio con los otros niños, se acercaba al sagrario diciendo en voz alta: «! Jesús, ven a jugar conmigo!».
Esta frase es muy expresiva del grado de intimidad que la pequeña «Nennolina», tenía con Jesús Eucaristía. Una confianza sencilla y amorosa que aprendió sin duda de sus padres.
¿Cree que la comunión cotidiana pueda también guiar en el recto camino de vida conyugal, como han demostrado los dos cónyuges beatos Luigi y María Beltrame Quattrocchi, así como Celia Guérin y Louis Martin, padres de santa Teresa di Lisieux, que iban a misa juntos todos los días?
Para seguir con la respuesta a su pregunta anterior, afirmo que, sin duda, la comunión diaria y la adoración eucarística han forjado generaciones de santos y beatos, imprimiendo a su vida un dinamismo espiritual fuera de lo común.
Del mismo modo, han sido pilares de la vida espiritual de niños santos como Nennolina o, sólo por dar algún otro nombre, los beatos pastorcillos de Fátima; y de reflejo han marcado fuertemente el camino espiritual de numerosos matrimonios.
Luigi y Maria Beltrame Quattrocchi han sido ya elevados por la Iglesia al honor de los altares; los padres de santa Teresita, Celia y Louis Martin, lo serán prontísimo, probablemente la próxima primavera, cuando el Papa visite Francia; y hay otros matrimonios candidatos a los altares. Todos ellos mantenían una intensa vida eucarística, desde un camino ascensional del alma que, en la propia y personal dinámica de la vida de pareja, de ella obtenía su alimento, la propia savia vital de la Eucaristía. Como las plantas viven de luz, ellos han bebido en la fuente del Amor.
La meditación sobre la Eucaristía, en efecto prepara el terreno espiritual al seguimiento de Cristo y a la experimentación del camino hecho a menudo de luces y sombras, de fe y duda, en el descubrimiento a veces desgarrador, de la propia fragilidad humana; pero en una perspectiva salvífica, en la que incluso el dolor adquiere un sentido, en el sacrificio incruento de Cristo que se repite cada día en el altar y en el que todo se cumple y se santifica en el encuentro cotidiano con la Hostia que nos genera a la vida cada día.
Juan García Inza
FIN DE CURSO EN LA ESCUELA DE CATEQUISTAS
Terminamos el curso y, como todos los años, nos reunimos en una cena de hermandad. Este año fue en casa de Julia Sánchez, en el Mirador de Agridulce. Pasamos un buen rato en un lugar privilegiado por su situación y buen clima en una noche ya de riguroso verano. Hablsmos de nuestras cosas y de otras muchas que fueron saliendo. Lo importante es que exista entre nosotros una verdadera amistad y un afán de colaboración. La Parroquia agradece la imprescindible labor que los catequistas prestan en la tarea de enseñar a los niños a ser cristianos. Ofrecemos unas fotos de la agradable velada con Rita, María Jesús. Mª Teresa, Antonio, Cristina y Julia. Faltaron algunas que no pudieron venir.



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