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domingo, 19 de diciembre de 2010

DOMINGO IV DE ADVIENTO (A)


La obediencia de José



La figura central de este domingo es San José. Estaba desposado, comprometido con María, pero todavía no casado. En este tiempo resulta que María va a ser madre por obra del Espíritu Santo. Esto eran los planes de Dios, y este es el Misterio de la Encarnación. Dios Padre escoge a una mujer virgen, tal y como estaba profetizado para depositar en ella al Verbo hecho carne, que nacería como un ser humano normal. No es esto fácil de entender porque se sale de las reglas normales de la naturaleza. De hecho San José no lo entendía.

Este acontecimiento le costó a San José una gran crisis. Daba la impresión de que María le había sido infiel. Y la ley mandaba apedrear a las adulteras. José se debate en ese dilema: por un lado está el amor a María, y por otro la obediencia a la ley. Decide dejarla en secreto y pasar como que él ha sido el culpable de todo. Nos podemos imaginar el sufrimiento de un hombre justo. Pero Dios no podía dejar a San José en esa situación. Si un ángel anuncia a María que va a ser madre y virgen, otro ángel anuncia a José que todo aquello es obra de Dios. Estos son los frutos de la oración.

En nuestra vida pasamos por momentos difíciles, de dudas y e incertidumbres, de crisis y tentaciones. No sabemos en esas circunstancias qué hacer. Pero sí debemos saber que tenemos la oración, el encuentro a solas con Dios que está dispuesto a iluminar nuestra inteligencia y nuestro corazón para encontrar una respuesta. Esta oración requiere silencio, como ocurrió en San José. Nos dice Benedicto XVI que para captar bien el mensaje de la Navidad hace falta silencio, serenidad para oír a Dios que nos dirige la palabra. Nuestro mundo está lleno de ruidos, y tal vez por eso no entendemos los Misterios de nuestra fe. No escuchamos las explicaciones de Dios.

Santo Tomás de Aquino siempre escribía sus tratados de Teología junto a un crucifijo, recibiendo la luz de la inspiración divina. Y todos los hombres y mujeres de Dios han sido almas de oración, de mucho sagrario y ratos de silencio. Incluso desde el punto de vista humano vemos que hace falta silencio para comprender, para asimilar, para investigar… La disipación nos priva de la necesaria atención en los asuntos importantes. Casi todas las intervenciones de Dios ocurren en la noche, como símbolo del recogimiento y la apertura a lo trascendente.

Cuando San José se despertó hizo lo que el ángel le había dicho en sueños. Después de escuchar a Dios lo que se nos pide es la obediencia, para que salgan adelante Sus planes. Y para la obediencia hace falta buen uso de la libertad, estando convencidos de que lo que Dios quiere es lo mejor. Visión sobrenatural. Apertura a la Voluntad de Dios.

Todo lo que celebramos en la Navidad ha sido fruto de la obediencia: de María, de San José, de los pastores, de los Magos… Y hoy estamos aquí porque queremos obedecer a Dios, que siempre tiene razón, aunque a veces no lo entendamos. Dentro de muy poco será Navidad, dejemos que Jesús nazca realmente en nuestra alma, que tome posesión de nuestra persona, y podamos convertirnos en un belén viviente.

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