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sábado, 3 de mayo de 2014

HOJA PARROQUIAL DE LOS RECTORES
LECTURAS: Hechos 2, 14, 22-28; 1 Pedro 1, 17-21;
Lucas 24, 13-35
EVANGELIO       Domingo 3º de Pascua
Dos discípulos de Jesús iban andando aquel mismo día, el primero de la semana, a una aldea llamada Emaús, distante unas dos leguas de Jerusalén; iban comentando todo lo que había sucedido. Mientras conversaban y discutían, Jesús en persona se acercó y se puso a caminar con ellos. Pero sus ojos no eran capaces de reconocerlo.
Él les dijo: -¿Qué conversación es esa que traéis mientras vais de camino?
Ellos se detuvieron preocupados. Y uno de ellos, que se llamaba Cleofás, le replicó: -¿Eres tú el único forastero en Jerusalén que no sabes lo que ha pasado allí estos días?
Él les preguntó: -¿Qué?
Ellos le contestaron: -Lo de Jesús el Nazareno, que fue profeta poderoso en obras y palabras ante Dios y todo el pueblo: cómo lo entregaron los sumos sacerdotes y nuestros jefes para que lo condenaran a muerte, y lo crucificaron. Nosotros esperábamos que él fuera el futuro liberador de Israel. Y ya ves, hace dos días que sucedió esto. Es verdad que algunas mujeres de nuestro grupo nos han sobresaltado, pues fueron muy de mañana al sepulcro, y no encontraron su cuerpo, e incluso vinieron diciendo que habían visto una aparición de ángeles, que les habían dicho que estaba vivo. Algunos de los nuestros fueron también al sepulcro y lo encontraron como habían dicho las mujeres; pero a él no le vieron.
Entonces Jesús les dijo: -¡Qué necios y torpes sois para creer lo que anunciaron los profetas! ¿No era necesario que el Mesías padeciera esto para entrar en su gloria?
Y comenzando por Moisés y siguiendo por los profetas les explicó lo que se refería a él en toda la Escritura.
Ya cerca de la aldea donde iban, él hizo ademán de seguir adelante, pero ellos le apremiaron diciendo: -Quédate con nosotros porque atardece y el día va de caída.
Y entró para quedarse con ellos. Sentado a la mesa con ellos tomó el pan, pronunció la bendición, lo partió y se lo dio. A ellos se les abrieron los ojos y lo reconocieron. Pero él desapareció. Ellos comentaron: -¿No ardía nuestro corazón mientras nos hablaba por el camino y nos explicaba las Escrituras?
Y levantándose al momento, se volvieron a Jerusalén, donde encontraron reunidos a los Once con sus compañeros, que estaban diciendo: Era verdad, ha resucitado el Señor y se ha aparecido a Simón. Y ellos contaron lo que les había pasado por el camino y cómo lo habían reconocido al partir el pan.
A Jesús le reconocemos especialmente en la Eucaristía, al partir el Pan. Pídele que se quede contigo, que atardece.


AMABILIDAD
MES DE LA VIRGEN MARIA


En nuestro mundo necesitamos cortesía: gestos en los que se haga patente la amabilidad; una palabra cordial, un detalle fino, educado, cortés.
¡Cuántas groserías se están considerando signos de modernidad! ¡Cuántas imitaciones, de aquellos que nos presentan como ídolos o arquetipos del mundo actual, no dejan de ser groseros modales!
 Reflexión
«Un joven estudiante, que tenía grandes deseos de comprometerse por el bien de la humanidad, se presentó un día a San Francisco de Sales y le dijo:
- ¿Qué debo hacer para conseguir la paz, el bienestar, la alegría y la amabilidad en el mundo?
San Francisco de Sales le respondió sonriendo:
- Procure no hacer tanto ruido al cerrar la puerta...
Las grandes peleas casi siempre provienen de pequeños alterca-
Muchos divorcios empiezan por unos calcetines olvidados bajo la cama. Así mismo, los grandes amores están entretejidos de pequeños detalles.»
Bruno FERRERO


Virgen Madre, María. Quisiera tener una voluntad fuerte, para dominar los impulsos y refrenar mi lengua. Quisiera tener palabras para mis semejantes que conforten, animen y estimulen. Quisiera tener una disponibilidad, como la tuya, para ser amable, suave, con todos mis hermanos. Quisiera tener la capacidad de amar a los que viven en discordias y tensiones. Te lo pido con humildad y con fe. Escúchame Madre.





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