Retablo del Santuario

La imagen central representa al Cristo de la Divina Misericordia.
El cuadro de la izquierda representa a la Virgen María Madre del Amor Hermoso.
El cuadro de la derecha a Sto. Tomás de Aquino, patrón de la Parroquia.
Todos fueron pintados y donados a este templo por la pintora de Cartagena Dª Antonia Huertas.

martes, 17 de marzo de 2009

SAN JOSE, MODELO PARA EL SACERDOTE


El sacerdote, testigo del amor de Dios

De San José poco nos dice el Evangelio. Pero sí lo suficiente como para comprender su específica vocación de ser el protector de Jesús, el Hijo de Dios y primer Sacerdote. Contemplamos su vida ya en los inicios de la Encarnación. El no comprende nada de lo que está ocurriendo en María, pero la respeta y espera una aclaración del Cielo. Acepta plenamente la revelación divina sobre el Misterio del Verbo Encarnado en su esposa. Con suma delicadeza protege a Ella y al Niño en el momento del parto. Y silenciosamente trabajará toda su vida para sacar adelante a la Sagrada Familia. El nos da una lección de cómo ha de ser el trabajo de un cristiano: bien hecho en la presencia de Dios.

Acompañó a María al Templo para la purificación y ofrenda del Niño al Padre Dios. Y con ella lo buscó cuando se quedó a los doce años en el Templo dialogando con los expertos en las Sagradas Escrituras. Nos enseña a buscar siempre a Jesús cuando parece que lo hemos perdido, y a sentir profunda alegría en ese encuentro tan deseado. Y desde aquel momento los Evangelio guardan silencio sobre José. Es el reflejo de la vida interior, y de la santidad en la vida ordinaria. Murió seguro en los brazos de Jesús y María. Por ello es patrono de la buena muerte.

A San José se le encomienda la promoción de las vocaciones sacerdotales. Por eso en su fiesta se celebra el día del seminario. Es una buena oportunidad para pensar en la misión del sacerdote, y en la necesidad que la Iglesia y el mundo tienen de la labor santificadora de todo sacerdote fiel a su misión.

Este año se nos propone al sacerdote como TESTIGO DEL AMOR DE DIOS.



Los sacerdotes son las manos, los pies, los ojos, la mente, el corazón de Cristo; los canales y medios por los que Cristo se va a comunicar a la humanidad. Por los sacerdotes, hará sentir a los hombres cuánto los ama y cómo desea ser amado de ellos; por ellos, va a manifestar sus misericordias; por ellos, va a sembrar la paz que anunciaron los ángeles desde el primer día de su nacimiento, cuando cantaron sobre su cuna prometiéndola a los hombres de buena voluntad; por ellos, hermanará a todas las naciones, a todas las razas, a todas las clases sociales, borrando las envidias y los odios y uniéndolos a todos en un solo corazón y en un solo espíritu en su divino Corazón.



Hacen falta urgentemente muchas vocaciones sacerdotales. Hoy los jóvenes encuentran muchas dificultades para escuchar la llamada de Dios. Pero Dios sigue llamando. Debemos pedir insistentemente que Su Vos no caiga en el vacío de la indiferencia. No es cómodo ser sacerdote hoy, pero es necesario y apasionante. Es uno de los retos de la Iglesia en esta sociedad tan paganizada.

Le pedimos a San José que infunda valentía y mucho amor a Dios en nuestros jóvenes para dar el paso y decir SI a Dios cuando llame. Merece la pena. El futuro inmediato de la Iglesia está dependiendo de que muchos jóvenes digan a Dios que puede contar con ellos.



Juan García Inza