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sábado, 2 de octubre de 2010

Domingo 27 del Tiempo Ordinario. Ciclo C


Auméntanos la fe

La Palabra de Dios de este Domingo nos habla de la virtud de la fe. Los discípulos le pidieron al señor que les aumentara la fe, y el Señor les dijo: Si tuvierais fe como un granito de mostaza, diríais a esa morera: -Arráncate de raíz y plántate en el mar.- Y os obedecería.

Nuestra fe ha de estar en constante revisión. La fe es una virtud teologal que recibimos en el Bautismo. Es como aquella luz que se encendió en Cristo, Luz del mundo, representado en el cirio pascual. Entonces se nos dijo: Recibe la luz de Cristo. A vosotros padres y padrinos se os confía acrecentar esta luz. Que vuestro hijo, iluminado por Cristo, camine siempre como hijo de la luz.

La fe ha debido ir alimentándose a lo largo de los años con la gracia de Dios que hemos recibido, con la doctrina que hemos aprendido, con el testimonio de tantos que han dado la vida por Dios. Pero no siempre hemos puesto los medios para ello. Y si los hemos puesto tal vez no los hemos aprovechado bien por falta de interés y profundidad. Pecamos mucho de superficialidad. Nos quedamos de la fe y de la religión con lo menos importante: EL ROPAJE SOCIAL.

+Muchos cristianos usan la religión sin fe. Son los practicantes no creyentes.
+Otros cristianos creen, pero no practica. Son los llamados ateos prácticos. Viven como si Dios no existiera
+Otros han perdido la fe, y se han dejado la práctica cristiana. Son los alejados.
+Algunos han apostatado expresamente de la fe que recibieron. Han renegado de Dios o de la religión.
+Hay otros cristianos que tienen fe, practican la fe, pero sin repercusión ninguna en la vida. Son los tibios. Los de fe tradicional y sin compromiso. Fácilmente caen en la superstición, en la práctica por temor. Han vaciado la relación con Dios de lo fundamental: el amor.

La fe es la respuesta a Dios que se revela. La fe es la adhesión personal y libre a un Dios que se pone a mi disposición porque me ama.
La fe es una gracia. Para que sea algo vivo, necesita fructificar en obras y estar unida a la esperanza y a la caridad.
Pero al mismo tiempo es un acto humano, no contrario a la libertad y a la inteligencia del hombre.. La fe es un acto voluntario y libre. La inteligencia y la voluntad cooperan con la gracia a la fe. El motivo de la fe no radica en la inteligibilidad humana de las verdades que aceptamos, sino en la autoridad de Dios que se revela, que no puede engañarse ni engañarnos.
Hay motivos suficientes para creer: los milagros de Cristo y de los santos, las profecías, la propagación y la santidad de la Iglesia, su fecundidad y estabilidad, el testimonio de los mártires, como los que van a beatificar este mismo mes.
La certeza de la fe está por encima de la comprensión más o menos clara de las verdades reveladas, ya que esta se funda en la Palabra misma de Dios. Hay que creer para tratar de comprender e intentar comprender mejor lo que se cree, con la ayuda de los dones del Espíritu Santo.
No hay oposición entre fe y ciencia verdadera. La fuente de la verdad es la misma: Dios. La ciencia se aparta de la fe cuando prescinde de las normas éticas y morales.
La fe es necesaria para caminar por la vida de acuerdo con la Voluntad de Dios, y aspirar a la salvación eterna. Los que no tienen fe, porque nadie les ha hablado de ella, serán juzgados del bien o mal natural que hayan podido hacer.
Hay que cuidar y alimentar la fe. La fe, como una planta, si no se cuida bien se debilita y puede llegar a perderse. Y la fe no ha de ser solamente cuidad, sino testimoniada con valentía, y difundida. NUESTRA FE NO SE FUNDA EN LAS PERSONAS, QUE SOMOS PECADORES, SINO EN DIOS, QUE NUNCA NOS FALLA.

En el Libro de Habacuc, que hemos leído al principio, dice el Señor: El justo vivirá por su fe. Y San Pablo dice en la Carta a Timoteo: Guarda este precioso depósito con la ayuda del Espíritu Santo que habita en nosotros.
Rezamos de nuevo con el Salmo: Ojalá escuchéis hoy la voz del Señor. "No endurezcáis vuestro corazón" (Salmo 94)

Juan García Inza

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